Científicos descubrieron los restos fósiles de la primera especie de dinosaurio conocida que se alimentaba de frutas, desafiando la creencia previa de que estos animales no incluían la fruta en su dieta. La especie, bautizada como Infernogallus jamesi, fue hallada en los estados de Montana y Dakota del Norte, en la formación geológica Hell Creek, conocida por albergar fósiles de dinosaurios famosos.
Este dinosaurio, de un tamaño similar al de un pavo y con una cabeza que recuerda a la de un loro, vivió hace unos 66 millones de años durante el período Cretácico. Sus características físicas, como un pico sin dientes y una mandíbula adaptada, le permitían triturar alimentos blandos como las frutas, una especialización que amplía el conocimiento sobre la diversidad dietética de los dinosaurios.
“Esto amplía considerablemente la variedad de estilos de vida que creíamos que tenían los dinosaurios y demuestra la capacidad de adaptación de los terópodos”, señaló el paleontólogo Greg Funston, de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York, y autor principal de la investigación publicada en la revista Nature Communications.
El Infernogallus compartía su ecosistema subtropical con grandes depredadores como el Tyrannosaurus y herbívoros como el Triceratops y el Ankylosaurus. Medía aproximadamente 1,5 metros de largo y pesaba unos 11,3 kilogramos. Aunque no se encontraron plumas en los fósiles, los investigadores creen que estaba cubierto de ellas, basándose en especies cercanas.
Esta especie pertenece al grupo de los terópodos, que incluye al T. rex y a otros dinosaurios carnívoros, pero también a linajes que adoptaron una dieta vegetal, así como a todas las aves. El descubrimiento sugiere una estrecha relación ecológica entre algunos dinosaurios y las plantas con flores, algo que ya se había propuesto pero sin pruebas concretas hasta ahora.
Thomas Dudgeon, coautor del estudio e investigador del Museo Real de Ontario, en Toronto, explicó que el Infernogallus presenta tres adaptaciones clave para su dieta frugívora: la disposición de los músculos de la mandíbula que permitía movimientos de masticación hacia delante y hacia atrás, una articulación móvil en la mandíbula, y crestas y surcos en el pico para triturar plantas blandas.
Estas características son inusuales. “Actualmente encontramos estas características por separado en aves y tortugas que se alimentan de productos blandos, como el loro de pico grueso, que come higos, o las tortugas verdes marinas, que mastican hierbas marinas blandas. Sin embargo, ningún animal vivo reúne las tres adaptaciones, lo que demuestra el grado de especialización del Infernogallus”, detalló Funston. Este hallazgo subraya la adaptabilidad de los picos frente a los dientes, abriendo un abanico de posibilidades alimentarias una vez que se pierde la dentición y se desarrolla un pico.