La instalación del sistema eléctrico en Chile a fines del siglo XIX transformó radicalmente la vida de las personas, impactando la comunicación, el transporte y las actividades laborales y cotidianas. Hoy, este sistema se enfrenta a una nueva era de cambios, impulsada por la transformación digital y los desafíos del cambio climático, tal como destaca Camilo Charme, director ejecutivo de la asociación gremial Generadoras de Chile.
Charme enfatiza que la vida contemporánea está intrínsecamente ligada a la electricidad. Plataformas como internet son esenciales para el trabajo, trámites y comunicación, mientras que la electrificación de hogares y la electromovilidad, tanto en vehículos particulares como en transporte público, demandan cada vez más energía. Además, sectores productivos clave como la minería, la desalinización y la industria alimentaria dependen fundamentalmente de un suministro eléctrico robusto.
“Es muy importante que las personas conozcan su sistema eléctrico, porque hoy en día la vida es eléctrica”, afirmó Charme, explicando que incluso el uso de la inteligencia artificial, a través de plataformas como Claude o ChatGPT, consume electricidad.
El directivo subrayó la necesidad de electricidad para la innovación en Chile, facilitando el desarrollo de nuevas formas de trabajo y calificaciones técnicas y profesionales en el país.
En las últimas décadas, el sistema eléctrico chileno ha avanzado significativamente en la incorporación de fuentes renovables y tecnologías de almacenamiento. Este progreso busca satisfacer la creciente demanda energética y, al mismo tiempo, mitigar el impacto ambiental. Charme resaltó el éxito de la transición energética del país.
“Chile ha recorrido la transición energética de manera muy exitosa. Actualmente tiene un 70% de energía renovable. Eso incluye las centrales hidráulicas, parques eólicos y solares. De hecho, somos de los países que está más avanzado en penetración de energías renovables, con un 25% solar”, detalló.
La integración de baterías para almacenar energía solar y su uso en horarios de menor generación es un claro ejemplo de estos avances. El principal reto, según Charme, es garantizar la seguridad y continuidad del suministro al integrar estas nuevas tecnologías. Las energías hidráulicas o térmicas son cruciales para mantener la estabilidad del sistema cuando la generación solar disminuye.
Charme también destacó la diversidad de actores y tecnologías que componen el sistema eléctrico chileno, lo que lo hace más resiliente al no depender de una única fuente o decisión.
En este contexto, Generadoras de Chile celebra 15 años desde su fundación. La asociación agrupa a diversas empresas del sistema eléctrico nacional, incluyendo nacionales, extranjeras, privadas y públicas. Su labor se centra en colaborar con el ecosistema productivo, autoridades y la sociedad civil para impulsar el desarrollo del sector.
El director ejecutivo explicó que esta diversidad permite que las decisiones de la asociación se basen en un amplio consenso, más allá de defender una tecnología, negocio o empresa específica. A partir de estos acuerdos, Generadoras de Chile elabora estudios y análisis de política pública que son presentados al Gobierno y al Congreso, contribuyendo activamente al debate sobre el futuro del sistema eléctrico nacional.