La última película de Jorge Olguín (Santiago, 1972), Kalkutún, se inspira en el notorio juicio a los brujos de Chiloé ocurrido en 1880. Sin embargo, su propuesta cinematográfica trasciende la mitología local para abordar la imposición de una élite centralizada, representada por el poder santiaguino, sobre territorios y culturas que desconoce y se niega a comprender.
El estreno de Kalkutún está programado para este jueves 22 de octubre en salas de cine del país.
En el contexto de la Guerra del Pacífico, mientras Chile gestionaba una difícil ocupación de Perú, el gobierno decidió enviar un fiscal a Chiloé en 1880. El objetivo era desarticular una red de poder paralelo, conocida como La Mayoría o Recta Provincia, una comunidad de brujos que había organizado el archipiélago en sectores administrativos bajo el mando de un rey. Esta situación resultaba paradójica para una administración que se jactaba de su modernidad y racionalidad.
Impulsada por el gobernador Luis Martiniano Rodríguez, se inició en Chiloé una verdadera “cacería de brujos” que conllevó detenciones y torturas. Los testimonios obtenidos durante este proceso fueron considerados ilegítimos. Las acusaciones mezclaban supuestos crímenes, prácticas de brujería y el aprovechamiento de supersticiones, incluyendo el uso de medicina ancestral huilliche.
Pese a las múltiples irregularidades, la mayoría de los detenidos fueron liberados al cabo de un año por falta de pruebas consistentes.
Con una ambientación sobresaliente, Kalkutún transporta al espectador a un Chiloé profundo de hace 150 años. Este Chiloé, que aún pervive en ciertos aspectos, presenta una organización, creencias, conocimientos y cultura propios, elementos que, lejos de ser meramente “folclóricos”, suelen incomodar al poder central.
La película también expone las tensiones internas entre los mismos habitantes del archipiélago, especialmente entre chilotes huilliches y chilotes mestizos, una dicotomía que aún se mantiene en la actualidad.
Kalkutún, dirigida por Jorge Olguín —conocido por películas como Sangre eterna, Caleuche, Gritos del bosque y La casa—, fundamenta el horror en las figuras mitológicas de Chiloé. Sin embargo, su núcleo reside en la opresiva atmósfera generada por una naturaleza imponente, lo desconocido y, fundamentalmente, la condición humana.
El filme de Olguín enfatiza el miedo a lo diferente y a lo incontrolable. En un mundo dividido por bandos y pugnas de poder, se resalta el temor a quedar en el lado perdedor, expuesto a los abusos.
Las criaturas fantásticas, en cierto sentido, se convierten en un reflejo de nuestros propios miedos y una materialización de nuestras disputas y perversiones intrínsecas.
Kalkutún destaca por la crítica como la mejor obra de Olguín vista hasta ahora, con actuaciones notables de Camila Oliva, Nicolás Zárate y Luis Dubó, además de una dirección de arte muy cuidada.
Más allá de sus logros técnicos, Kalkutún es una invitación a mirar nuestro país, a cuestionar relatos centralizados y reductores, y a tratar de entender la complejidad y riqueza de los territorios y comunidades.