La inteligencia artificial (IA) es capaz de manipular la memoria humana, haciendo que las personas “recuerden” eventos o detalles que en realidad nunca sucedieron. Un estudio reciente del MIT, del equipo de la científica Pattie Maes, revela que imágenes y resúmenes alterados por IA pueden distorsionar los recuerdos, incluso llevando a la gente a jurar que las versiones modificadas son las originales.
El experimento del equipo de Maes fue sencillo. Los participantes observaron una serie de fotografías. Tras una pausa, a un grupo se le mostraron las mismas imágenes, mientras que a otro se le presentaron versiones modificadas por IA. Posteriormente, se realizó una prueba de memoria. Quienes vieron las imágenes alteradas cometieron más errores al intentar recordar las fotos originales.
Lo más inquietante del hallazgo fue la excesiva confianza que mostraron los participantes en sus recuerdos falsos. No solo recordaban incorrectamente, sino que lo hacían con una seguridad que dificultaba la duda, como si el cerebro archivara la versión más reciente con un sello de autenticidad.
La fiabilidad de la memoria humana es un tema bien documentado en la psicología desde el siglo XIX, reconociéndola como susceptible a la sugestión. Esto explica por qué la desinformación es tan perjudicial. Algunos estudios demuestran que la desinformación sigue influyendo en las decisiones, incluso después de ser corregida, ya que desmentir un hecho no siempre borra su huella.
La IA agrava este panorama. El contenido de baja calidad generado por inteligencia artificial, conocido como “slop” o “basura digital”, es cada vez más convincente y está ampliamente distribuido en internet, impulsando una nueva ola de fraudes y desinformación.
Numerosos estudios muestran que estas piezas falsas logran plantar recuerdos falsos en los participantes y cambiar lo que estos dan por verdadero. Un estudio publicado el año pasado halló que tanto los deepfakes como los textos generados por IA instalaron con eficacia recuerdos de escándalos políticos totalmente inventados. En algunos casos, incluso redujeron la intención de voto.
No es necesario que haya una intención maliciosa para que esto ocurra. La IA generativa, responsable de producir nuevos textos, imágenes o audios, a menudo comete errores en sus resultados, conocidos como “alucinaciones”, presentando información incorrecta con total seguridad.
Mientras tanto, gobiernos, bancos, fuerzas armadas y hospitales integran rápidamente esta tecnología. En este contexto, se suele escuchar la importancia de mantener a “humanos en el circuito” para revisar lo que produce el sistema. La idea es que la IA acelere procesos, mientras un supervisor detecta errores antes de que tengan consecuencias reales.
Sin embargo, la investigación señala que las personas no son eficientes detectando estas alucinaciones. Si a esto se suma una memoria vulnerable y la tendencia a creer en las máquinas, el criterio del experto puede verse distorsionado, incluso cuando la IA contradice algo que él sabe que es cierto. Esto significa que el mismo “guardia de seguridad” puede ser convencido por la información falsa.