A Nicolás Figueroa, técnico audiovisual chileno, su vida dio un giro radical al decidir aprender chino mandarín. Con más de 1120 millones de hablantes nativos a nivel mundial, el idioma le abrió puertas inesperadas, llevándolo a vivir y estudiar en China.
Figueroa explicó que su motivación inicial fue la alta presencia de ciudadanos chinos en Chile y la relevancia global del idioma. Esto lo impulsó a ingresar al Instituto Confucio con el objetivo de preparar el examen HSK3 en un año, lo que le permitiría optar a una beca de estudios en China.
Después de un año de intensa preparación, Nicolás rindió el examen en diciembre de 2022. Su buen desempeño le permitió acceder a una beca para viajar en septiembre de 2023 y estudiar en la Universidad de Nanjing hasta 2024. Destaca que estas becas atraen a un rango etario diverso, incluyendo a personas mayores de 35 años que postulan al límite de edad o quienes ahorran previamente para costear sus estudios.
Durante los siete meses que vivió en Nanjing, la ciudad dejó a Figueroa «alucinado». La describió como una «joya oculta» y una de las más antiguas de China, llena de palacios y monumentos históricos. Explicó que Nanjing es un importante centro turístico con una rica gastronomía e historia, habiendo sido capital de diversas dinastías y siendo menos conocida en Occidente.
Actualmente, Nanjing es la capital de la provincia de Jiangsu, lo que la convierte en un centro político y económico crucial, con aproximadamente nueve millones de habitantes. Además, su proximidad a Shanghái (a solo una hora y media) aumenta su relevancia. Nicolás también resaltó sus impresionantes rascacielos, estadios y museos, que, aunque no sean tan famosos, representan la modernidad china.
La vida de estudiante fue un tiempo muy lindo; lo recuerdo con felicidad, ya que tenía amigos de muchos países. A China llega gente y estudiantes de todo el mundo: de África, Oriente Medio, Europa y también de Latinoamérica. Se formaba un mix de culturas en el que todos éramos como uno solo; éramos gente joven que iba a estudiar con una beca, por lo que se armó un buen grupo multicultural.
Figueroa rememoró su experiencia estudiantil con alegría, destacando la convivencia multicultural con compañeros de diversas partes del mundo. Su rutina incluía clases matutinas de 8:00 a 12:00, seguidas de almuerzos, estudio en bibliotecas o cafeterías, y conversaciones con los locales, lo que le permitió sumergirse en el idioma y la cultura.
Para aprender un idioma tan complejo como el chino mandarín, Nicolás enfatiza la importancia de ser extrovertido y no temer a los errores. Aconseja persistir, incluso si muchas personas no pueden conversar de inmediato, ya que «de cada 20 personas, una puede quedarse conversando contigo durante dos horas, enseñándote muchas palabras nuevas y ayudándote a mejorar mucho en el idioma».
En sus últimos meses en China, Figueroa se viralizó al crear contenido auténtico y cercano, sorprendiendo a los propios chinos. Revela que su clave fue hablar el idioma y usar frases y referencias locales, mostrando «platos típicos de allá o fr