China implementará nuevas restricciones de viaje para profesionales del sector tecnológico, impidiendo su salida del país si se les acusa de infringir controles de exportaciones tecnológicas. Esta medida forma parte de los esfuerzos de Pekín para contener la fuga de talentos y conocimientos estratégicos, especialmente en el contexto de la creciente rivalidad con Washington por el liderazgo en inteligencia artificial (IA).
Las autoridades chinas no especificaron la duración de estas restricciones, y su formulación es lo suficientemente amplia como para afectar a investigadores, ingenieros y directivos de empresas privadas. Tradicionalmente, funcionarios, militares y empleados de compañías estatales ya estaban sujetos a una vigilancia estricta, debiendo entregar sus pasaportes y obtener permisos antes de cada viaje. Estas normativas ahora se formalizan, y las agencias de inmigración deberán reportar las salidas de personal considerado sensible.
Aunque Pekín asegura que estas medidas no afectarán a los viajeros comunes, juristas expresan preocupación por un posible efecto disuasorio. Temen que, ante la ambigüedad de conceptos como la “seguridad tecnológica”, los responsables puedan denegar autorizaciones de viaje de manera preventiva. Esto sugiere que, para un número creciente de ciudadanos chinos con perfiles tecnológicos, viajar al extranjero podría pasar de ser un derecho a convertirse en un privilegio revocable, en un escenario de tensión con Estados Unidos.