Más de $3,2 billones: las millonarias ganancias de las concesionarias del TAG

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Las autopistas urbanas de Santiago han generado ganancias acumuladas que superan en 3,2 billones de pesos la inversión inicial de 1,1 billones. Esta cifra, que sale a la luz tras una investigación de Bío Bío, considera los beneficios de las sociedades administradoras desde la implementación del sistema TAG hace casi 22 años.

La sociedad detrás de la Costanera Norte lidera este ranking de beneficios, con 1,63 billones de pesos sobre su capital de riesgo. Le sigue de cerca la Autopista Central, que ha acumulado 1,16 billones de pesos en ganancias por encima de lo invertido.

Si estas tendencias se mantienen, se proyecta que seis de las concesionarias podrían alcanzar 6,8 billones de pesos en beneficios netos para cuando finalicen sus contratos. Todos los montos en pesos mencionados han sido actualizados al 31 de diciembre de 2025 para reflejar su poder adquisitivo real, utilizando la UF como referencia.

El sistema de concesiones chileno se inició con la inauguración de la Autopista Central, que introdujo el TAG en el país. Desde entonces, se han sumado otras seis autopistas urbanas y el acceso al aeropuerto Arturo Merino Benítez en 2011, sumando más de 200 kilómetros de vías en la capital.

El modelo de concesiones se gestó en la década de los noventa, buscando que la inversión privada financiara obras públicas sin cargar la billetera fiscal. Las primeras licitaciones de rutas interurbanas como el Túnel El Melón en 1993 y la posterior adjudicación del acceso al Aeropuerto Arturo Merino Benítez en 1996 marcaron el inicio de esta era.

La transformación se aceleró con las modificaciones a la Ley de Concesiones en 1996, que llevaron a la licitación de ocho tramos de la Ruta 5, entre otras. En 1999, se licitaron la Autopista Central y la Costanera Norte, proyectos que redefinirían el sistema vial de Santiago.

La Autopista Central implicó transformar 60 kilómetros de vías ya existentes, mientras que la Costanera Norte contemplaba un trazado original de 42 kilómetros, con una parte significativa en la Avenida Presidente Kennedy.

Este escenario revela un modelo de negocios altamente rentable para las concesionarias, dejando abierta la discusión sobre el impacto a largo plazo de estos beneficios en la infraestructura pública y el bolsillo de los automovilistas santiaguinos.

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