Natalia Duco, exministra del Deporte, regresó al Palacio de La Moneda a solo 24 días de haber dejado su cargo. La decisión ha generado cuestionamientos sobre la verdadera naturaleza de su salida del gabinete, que ocurrió en medio de una revisión por parte de la Contraloría debido al uso irregular de un vehículo fiscal.
La exatleta olímpica se incorporará ahora al equipo de asesores del denominado Segundo Piso, liderado por Alejandro Irarrázaval, donde asumirá funciones relacionadas con materias deportivas. Esta nueva posición la ubica nuevamente cerca del presidente José Antonio Kast, aunque con una exposición pública considerablemente menor a la de una ministra.
El breve lapso entre su salida el 14 de agosto y su retorno, ha provocado reacciones. Sergio Huertas, académico de la Escuela de Gobierno y Administración Pública de la Universidad Mayor, interpreta este movimiento como una “renuncia con elástico”.
“Más que un exceso de lealtad, lo que se observa es una confusión entre lealtad personal y responsabilidad política”, plantea Huertas. Advierte que si una persona regresa a un cargo de confianza casi de inmediato tras ser cuestionada por probidad, su salida podría interpretarse como una herramienta para contener una crisis, más que como una consecuencia política.
El Gobierno ya nombró a Francisco Riveros como nuevo titular del Ministerio del Deporte, quien previamente formaba parte del Segundo Piso. Duco, en contraste, no abandonó el Ejecutivo, sino que cambió su posición dentro de él.
El regreso de Duco al Segundo Piso, un espacio que alberga al equipo de mayor confianza del mandatario, subraya su permanencia en el círculo presidencial más íntimo. Aunque su trayectoria deportiva y experiencia previa en la cartera podrían presentarse como un aporte técnico, la situación levanta una tensión entre capacidad técnica y responsabilidad política.