Un conflicto por la tenencia de Perseo, un gato adoptado en pareja, ha llegado a los tribunales de Osorno y Valdivia, revelando una disputa que escaló desde correos desesperados hasta demandas judiciales. La situación generó angustia en Carlos, quien alegó problemas de salud y laborales por la imposibilidad de ver al felino.
Todo comenzó el 24 de mayo de 2025, cuando Carlos intentó un último contacto con Catalina, su expareja, a través de un correo electrónico. Ante un bloqueo generalizado en redes sociales y una demanda previa por violencia intrafamiliar en su contra, su mensaje suplicando ver a Perseo fue su única opción. Sin embargo, este intento resultó en un nuevo bloqueo, dejándolo sin comunicación.
La situación llevó a Carlos a interponer una demanda el 10 de febrero de 2026 en el 2º Juzgado de Letras de Osorno, buscando legalmente la custodia de Perseo. El libelo, al que accedió El Reporte Diario, argumenta que el acuerdo original entre ambos, incluso tras la separación, era mantener una custodia compartida del gato.
El problema de fondo residía en la salud de Perseo. Chats e informes veterinarios evidenciaron que el gato sufría de estrés, manifestado en vómitos y micciones inapropiadas, debido a los constantes traslados entre ambos hogares. Ni dietas especiales ni preparativos previos a los viajes lograron aliviar su condición.
El punto de quiebre definitivo se dio cuando Carlos, sospechando que perdería al gato, decidió no devolvérselo a Catalina. Ella respondió interrumpiendo toda comunicación y afirmando que Perseo era suyo, amparándose en el registro oficial de mascotas. No obstante, Carlos presentó vouchers y boletas que probaban haber cubierto los gastos del gato desde su adopción.
La separación de Perseo afectó seriamente a Carlos, quien manifestó un profundo estrés, insomnio y la necesidad de tomar una licencia psiquiátrica y ausentarse del trabajo. Inicialmente, la justicia falló a su favor, dictaminando la custodia compartida. No obstante, la Corte de Apelaciones de Valdivia revocó esta sentencia, basándose en la condición de los animales como seres sintientes, y otorgó la custodia total a Catalina.
La historia de Perseo se remonta a septiembre de 2021, cuando la pareja decidió adoptar un gato. Carlos contactó a un conocido, el “Piojo”, quien regalaba una camada. Aunque buscaban una hembra, la única opción disponible fue Perseo, al que aceptaron tras esperar el tiempo de lactancia. La llegada del gato fue preparada meticulosamente por Carlos, quien adquirió todos los implementos necesarios y organizó su adaptación en casa de sus padres.
Durante ese período preparé meticulosamente su llegada: compré el arenero, arena sanitaria, platos y alimento adecuados a su edad. Organicé las recomendaciones iniciales de adaptación (espacio indoor, higiene, y rutina de alimentación) para recibirlo en condiciones seguras y dignas —se lee en la querella interpuesta por Carlos.
Con Perseo en casa, en octubre, y viviendo en domicilios distintos, Carlos y Catalina acordaron explícitamente una custodia compartida de un mes cada uno. La idea era que el gato se habituara a ambos entornos sin generarles problemas.