En menos de un año, el canal de streaming Ta Bueno Che ha cautivado a una vasta audiencia con las aventuras de Pache y Plumis, dos perros títeres que se han convertido en un fenómeno viral. El éxito de esta dupla, que acumula más de un millón de seguidores en Instagram, 46.000 suscriptores en YouTube y más de 200.000 en TikTok, es el resultado de la creatividad del músico y titiritero Patricio Crom.
A diferencia de producciones más grandes, Crom ha gestado este proyecto de forma independiente desde su hogar en Olivos, una localidad de la zona norte de Buenos Aires. Allí, su taller se transforma en un estudio donde sus personajes cobran vida, demostrando que la pasión y el esfuerzo pueden generar un impacto masivo.
En una reciente entrevista con BioBioChile, Crom compartió detalles sobre el origen y el futuro de Pache y Plumis, adelantando planes para una gira por Latinoamérica que espera incluir a Chile, país donde la dupla ya cuenta con una gran base de seguidores que disfrutan de su humor singular.
Con 16 años de trayectoria en el tango junto a Juan Villarreal, y una discografía de siete álbumes que incluye giras por Europa y Estados Unidos, la carrera musical de Patricio Crom es notable. El guitarrista describe al tango como la música de su ciudad y una cultura viva a la que le agrada pertenecer, un ambiente que le ha brindado grandes satisfacciones, un sentido de pertenencia y amistades duraderas.
Gracias a la guitarra, Crom ha podido viajar por el mundo, descubriendo que, aunque el tango pueda parecer un nicho, es un género global. Sus inicios en el conservatorio le revelaron el potencial de la profesionalización para conocer diversas culturas. La insistencia con el dúo que formó con Juancito les permitió realizar giras por Japón y Estados Unidos, aunque la gira europea fue pospuesta debido a las nuevas prioridades generadas por Ta Bueno Che.
El interés de Crom por el shakuhachi, la flauta de bambú tradicional japonesa, surgió de su previa exploración de instrumentos autóctonos como la quena y el siku, fascinado por los materiales. Al escuchar el kioku, la música tradicional del shakuhachi, se sintió profundamente atraído, considerándola una de las melodías más hermosas que había oído. Esa experiencia lo impulsó a estudiar el instrumento en Japón.
A mí me agarran esas obsesiones que no las puedo parar y así fue. Años después terminé en Japón con un sensei estudiando la flauta.
Su proceso de aprendizaje comenzó con un maestro argentino, discípulo de Kaoru Kakizakai, en Barcelona. Durante sus giras de tango, Crom aprovechaba para extender su estadía y tomar clases en España, hasta que fue derivado con el propio sensei Kakizakai. Esto lo llevó a pasar varios meses en Japón, viviendo en una casa rodante que el maestro adquirió para sus discípulos extranjeros, estudiando diariamente en una experiencia que califica de “casi Kill Bill”. Hoy, sigue tocando un poco cada día, ya que el instrumento, vinculado a la meditación, le hace bien.
Más allá de la música, Patricio Crom siempre ha cultivado una faceta como titiritero. Desde joven le fascinaban los Muppets, y tras la secundaria, se dedicó a los títeres para televisión. Considera que esta actividad abarca dos profesiones: la de realizador, un oficio plástico enfocado en la construcción de los títeres, y la de intérprete, un oficio actoral que les da vida.
Invirtió energía en ambos aspectos, aprendiendo de forma autodidacta a construir los títeres con una máquina de coser, y luego a jugar con ellos. Este proceso se dio de manera natural, impulsado por una obsesión que describe como un motor para el rápido aprendizaje. Para Crom, esta obsesión ha sido una fortuna en su vida, pues una vez que se enfoca en algo, no puede dejar de pensarlo ni de hacerlo.
Los títeres irrumpieron en su vida, y él les abrió la puerta, incluso mientras iniciaba su carrera profesional con la guitarra. Consideró que era una actividad hermosa y le permitió experimentar un “aluvión de felicidad”.
Su taller es un espacio donde la creatividad fluye. Cuenta con una mesa principal, un stock de telas —muchas de ellas recolectadas en sus viajes de tango— y un mueble con diversas herramientas. La impresora 3D, que utiliza para los ojos de los títeres, es una adición reciente. Es un lugar donde le gusta pasar tiempo, incluso solo para inspirarse.
A veces, simplemente se lleva la guitarra o la computadora para ver una serie, y en cuestión de minutos, se encuentra cosiendo o cortando algo. La belleza de tener un taller bien equipado es que propicia la inspiración y las ganas de trabajar. Puede empezar a ver una película en Netflix, sentir una oleada de creatividad, apagar todo y terminar trabajando hasta altas horas de la madrugada, feliz con un títere nuevo.

