La reciente lectura del libro de Rodrigo Ojeda sobre el expresidente Frei Montalva y el fracaso de la vía chilena al socialismo, ha reabierto el debate sobre ciertas prácticas políticas que, según el autor, persisten a lo largo del tiempo. Un pasaje clave del texto cita el análisis de 1972, “No se puede vivir en la mentira”, donde Frei Montalva criticaba la estrategia de la Unidad Popular.
En dicho análisis, el expresidente advertía que la Unidad Popular declaraba respetar la legalidad, pero la utilizaba como «pretexto para ir preparando una dictadura totalitaria». Además, sentenciaba que «todo el aparato económico está siendo destruido por una política sucia». Esta observación resuena con afirmaciones recientes de figuras políticas.
“La Unidad Popular declara respetar la legalidad y, en el fondo, la usan como pretexto para ir preparando una dictadura totalitaria…Por desgracia, esto es solo el comienzo, porque todo el aparato económico está siendo destruido por una política sucia”.
El autor del artículo conecta esta visión con declaraciones de figuras actuales, como el ideólogo del Frente Amplio, Giorgio Jackson. En 2022, Jackson sostuvo que su «generación política tenía una escala de valores y principios distinta y con infinitamente menos conflictos de interés que las administraciones anteriores».
Esta perspectiva de una «moralmente superior» generación se observa en el Chile actual, donde, según el texto, se replica el legado de la Unidad Popular. Aunque estas organizaciones se declaran dentro del marco democrático, la posibilidad de una «dictadura totalitaria» nunca habría sido completamente descartada.
Un ejemplo de esto se encuentra en las palabras de la exministra Camila Vallejo quien, en 2012, afirmó que su partido «nunca habría descartado la posibilidad de la vía armada». Si bien matizó que en ese momento tal camino «estaba totalmente descartado», el autor lo interpreta como una espera del «momento adecuado» para instaurar un régimen totalitario.
Esta estrategia política se caracteriza por el cuestionamiento de las acciones de otros, el abuso de la falacia ad hominem —atacando a las personas en lugar de a las ideas— y el uso de la «falacia del francotirador». Esta última implica seleccionar un punto específico, ignorando otros factores y errores propios, buscando generar reacciones emocionales como el dolor, el resentimiento o la envidia.
Esta generación, formada en democracia, es descrita como «carente de un trabajo real» y, parafraseando a un amigo del autor, «como crecieron en tiempos fáciles, se forjaron como hombres débiles». Sin embargo, dedicaron tiempo a la academia, que es señalada como «cooptada por una ideología más cercana a la izquierda», permitiéndoles generar discursos y atacar a opositores.
El texto denuncia que, en su actuar político y social, abusan de falacias como la del «hombre de paja», deformando los argumentos de los rivales para atacarlos con mayor facilidad. También utilizan el «falso dilema», presentando dos opciones como las únicas posibles: la «lucha de clases» o la dicotomía «si no eres de izquierda, eres pinochetista».
Este uso indiscriminado de una fractura ideológica, según el análisis, ha impedido la superación y reconstrucción necesaria para avanzar hacia un nuevo Chile. La perpetuación de estas tácticas dificulta un diálogo constructivo y un bienestar forjado en la realidad, manteniendo un ciclo de polarización.