«No existen dos cánceres iguales»: la razón de respuestas diversas

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Dos pacientes con el mismo diagnóstico de cáncer de colon pueden responder de manera muy distinta al tratamiento, un misterio que la oncología moderna ha comenzado a desentrañar. Aunque a primera vista los tumores parezcan similares, la ciencia ha demostrado que no existen dos cánceres idénticos.

La clave de esta diferencia reside en la evolución genética de cada tumor. Mucho antes de que la enfermedad sea detectable, una célula comienza a adquirir alteraciones genéticas que le otorgan una ventaja de crecimiento. Con cada división, sus descendientes acumulan nuevas mutaciones y cambios moleculares, dando origen a una comunidad diversa de células dentro del mismo tumor.

Este proceso es análogo a la evolución de las especies. Todas las células cancerosas provienen de una célula ancestral, pero la división celular introduce variaciones. La selección natural actúa dentro del tumor, favoreciendo a las poblaciones mejor adaptadas a su entorno, que incluye vasos sanguíneos, células inmunitarias y diversas señales químicas.

Además de los cambios genéticos, las alteraciones epigenéticas juegan un papel crucial. Estos mecanismos pueden activar o silenciar genes sin modificar la secuencia del ADN, haciendo que células con información genética similar se comporten de forma diferente. Algunas de estas alteraciones pueden incluso propiciar la metástasis, el proceso por el cual el cáncer se expande a otros órganos.

El tratamiento oncológico, una vez aplicado, funciona como una nueva presión selectiva. Las células más vulnerables son eliminadas, mientras que las resistentes sobreviven, se multiplican y acumulan nuevas alteraciones. Esta diversidad intrínseca del tumor antes del tratamiento es lo que finalmente puede llevar a la resistencia terapéutica.

Las nuevas tecnologías han transformado nuestra capacidad de observar esta complejidad. Ahora es posible analizar miles de células individualmente y estudiar diferentes regiones del tumor, reconstruyendo su historia evolutiva con un nivel de detalle impensable hace apenas dos décadas. Esta capacidad ha revelado que el cáncer no es una enfermedad estática, sino un proceso evolutivo en constante cambio.

Este conocimiento está impulsando la medicina de precisión, que busca adaptar los tratamientos a las características específicas de cada tumor. Por ejemplo, en algunos casos de cáncer de mama, las pruebas moleculares identifican a pacientes que se benefician de bisfosfonatos para reducir el riesgo de metástasis óseas.

De manera similar, en el cáncer colorrectal, la inestabilidad de microsatélites –una característica de ciertos tumores con fallos en la reparación del ADN– permite predecir la respuesta a la inmunoterapia. Otro avance significativo son las terapias CAR-T, que modifican las células inmunitarias del paciente para atacar el cáncer.

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