Un polémico caso de abandono familiar, que se extendió por dos décadas, llegó a los tribunales chilenos y al programa de televisión ‘Carmen Gloria: Fuerte y Claro’. Fernando Concha, un hombre de 66 años con discapacidad y diabetes, demandó a sus hijas para exigirles una pensión alimenticia, a pesar de haberlas abandonado veinte años atrás.
Concha, quien reside en Pudahuel y sufre de complicaciones severas, incluyendo la amputación de un pie, acudió al programa de Mega alegando una situación económica precaria. «Nunca pensé que esto podía llegar a tan grave circunstancia», comentó, añadiendo que su pensión no le alcanza y que cree haber sido «un buen padre».
«Esta enfermedad es muy grave porque en el transcurso del tiempo va presentando una evolución que siempre va complicando las cosas. Cuando me amputaron el pie y ahí ya sencillamente quedé postrado», explicó Concha.
Sin embargo, la versión de sus hijas difiere radicalmente. María Fernanda Concha, una de ellas, reveló en el programa que su padre las abandonó por completo después del fallecimiento de su madre. La demanda no solo la afectó a ella, sino a sus tres hermanas.
«Me tiene una demanda a mí y a mis tres hermanas. Él nos abandonó, se despreocupó totalmente de nosotros después de la muerte de mi madre. ¿Ahora que está en una situación precaria recurre a nuestra ayuda?», cuestionó María Fernanda, enfatizando que su padre «nunca jamás ha pedido ayuda por la buena».
La situación de Fernando Concha se complejiza al conocerse que años atrás también demandó a sus propios padres. Actualmente, su madre, de 86 años, le paga una pensión mensual de $190 mil debido a su discapacidad.
La abogada Carmen Gloria Arroyo, al resolver el caso, rechazó la solicitud del hombre. Argumentó que la ley contempla excepciones para la obligación de ayudar a los padres cuando estos han abandonado a sus hijos.
«Sí es justo ayudar a los padres, cuando los padres se han portado a la altura de las circunstancias. Porque hasta la ley considera una excepción cuando estos padres han abandonado a sus hijos, cuando no se han hecho cargo», sentenció Arroyo.
La abogada fue enfática en su resolución, señalando el patrón de vida de Concha: «¿Quién podría obligar a un hijo? Nada más que las razones humanitarias y el buen corazón… Su historial, lamentablemente, lo delata. Desde los treinta y tantos años, cuando no tenía ningún problema de salud, ha vivido de sus padres, de sus hijos o del sistema. Lo que sigue haciendo hoy día, obligado por sus condiciones de salud. Pero de sus hijos, señor… si usted no sembró, no espere cosechar».
Este dictamen deja en claro la postura legal y moral frente a casos de abandono parental y la expectativa de recibir apoyo en la vejez sin haber cumplido con las responsabilidades en el pasado. La resolución de Carmen Gloria Arroyo sienta un precedente sobre las obligaciones filiales y la ética de las demandas por pensión en circunstancias similares.