Los referentes del circo chileno, declarado en diciembre Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, han levantado la voz contra la práctica de ofrecer funciones gratuitas durante las vacaciones de invierno. Agrupados en la Asociación Gremial Circo Tradicional de Chile, que reúne a importantes familias como los Maluenda, Aguirre y Cárdenas, denuncian que esta tendencia es una “práctica desleal” que amenaza su subsistencia.
La controversia se centra en el modelo de negocio adoptado por algunos empresarios del rubro, quienes distribuyen entradas sin costo para llenar los recintos, incentivando la compra de alimentos y recuerdos en patios de comida internos. Según Gastón Maluenda, presidente de la asociación, esta estrategia pone en desventaja a los circos tradicionales, especialmente los más pequeños.
Maluenda, heredero del clan Los Tachuela, explica que la costumbre de regalar entradas se ha distorsionado. “De repente, nuestros compañeros encontraron que había un nicho perdido en las ventas al interior del circo, y que era buena idea llenar el circo para que la gente pudiera comprar los souvenirs y las cuotas de alimentación”, detalló a La Radio. Esto ha derivado en una práctica donde “entregan gratis las entradas del circo, ponen un patio de comidas y les va muy bien”.
El problema se agrava con la participación de autoridades comunales, como concejales y alcaldes, quienes entregan entradas gratuitas para ganar apoyo electoral. “Aquí el municipio hace caso omiso y entra al juego de regalar entradas para su uso personal, para ganar adeptos para las próximas elecciones. Entonces, además, el circo está siendo utilizado por estos políticos”, denuncia Maluenda, señalando que esta tendencia está extendida por todo Chile.
La asociación insiste en que el permiso para operar es exclusivo para el espectáculo circense, no para las ventas de alimentos o productos sin autorización adecuada. “El problema puntual es que en 200 años de historia siempre se han regalado entradas. Pero, de repente, nuestros compañeros encontraron que había un nicho perdido en las ventas al interior del circo, y que era buena idea llenar el circo para que la gente pudiera comprar los souvenirs y las cuotas de alimentación”, agrega Maluenda.
Actualmente, la Asociación Gremial Circo Tradicional de Chile reporta que cerca de 20 circos están “en pausa”, incapaces de salir de gira por dificultades económicas debido a la baja recaudación. La entidad impulsa modificaciones a la Ley 20.216, que protege al circo tradicional, para salvaguardar el rubro, que la Unesco reconoció por su tradición familiar de más de dos siglos y su valor social, incluyendo su rol en funciones solidarias y su inclusión de comunidades históricamente marginadas.
“Con esto, la gente entra gratis a eso que está protegiendo la Unesco. Y adentro, se encuentra con un patio de comidas… Esto va en desmedro de los circos pequeños”, lamenta Gastón Maluenda.
La situación actual genera un conflicto entre la tradición y las nuevas prácticas comerciales, poniendo en riesgo la sustentabilidad de una manifestación cultural recientemente reconocida a nivel mundial. La pregunta es si las autoridades tomarán medidas para proteger este patrimonio o si la “competencia desleal” continuará afectando a los circos más vulnerables.