La designación oficial del continente como «América» esconde una compleja historia de especulación y disputas políticas, distante de los románticos relatos de exploración. Si bien una carta de 1504, atribuida a Américo Vespucio, afirmaba el descubrimiento de un «mundo nuevo» y fue clave para el nombre, los archivos históricos ofrecen una versión más apegada a los hechos. Esta divergencia entre la leyenda y los documentos comprobados moldeó profundamente la comprensión geográfica de nuestro continente, incluyendo la visión de lo que hoy es Chile.
Hacia 1504, Europa fue testigo de la publicación de la carta “Mundus Novus”, la cual fue atribuida por ciertos editores al comerciante florentino Américo Vespucio. En este escrito, Vespucio describía un «mundo nuevo» descubierto por él mismo en 1501. Este texto fue fundamental para que, tres años después, el cosmógrafo alemán Martin Waldessemuller bautizara al continente como «América».
No obstante, no se han hallado registros en archivos españoles ni portugueses que certifiquen que Vespucio fuera comisionado para realizar viajes de comercio o exploración en el Atlántico Occidental. Los hechos históricos comprobados son que Cristóbal Colón desembarcó en la actual Venezuela en julio de 1498 durante su tercer viaje, y que en enero de 1500 los españoles, seguidos por los portugueses en abril del mismo año, arribaron a las costas de Brasil.
La geografía-histórica de nuestro continente comenzó, por lo tanto, con mucha especulación. No fueron los exploradores ni los cosmógrafos de los imperios Ibéricos, sino los académicos e impresores de libros y mapas del norte de Europa quienes, entre 1507 y 1595, impusieron la expresión «América» para referirse a la vasta geografía desde el Ártico Canadiense hasta la Región de Magallanes y Antártica Chilena.
Aunque un corpus de mapamundis españoles y portugueses anteriores a la publicación del “Mundus Novus” demuestra que, hacia 1504, la «geografía oficial española» ya sabía que Las Indias descubiertas por Colón no eran China ni Japón, esta inmediatamente adoptó la expresión «Indias Occidentales». En contraste, fue la Europa protestante la que prefirió la voz «América».
La expresión «Indias Occidentales» cobró mayor validez después de que los cosmógrafos españoles procesaran los datos geocientíficos llevados a Sevilla por los sobrevivientes de la expedición Magallanes-Elcano. Estos informaron sobre el descubrimiento de un paso suroeste hacia el «Mar de la China» (nuestro Estrecho de Magallanes) y explicaron que el mundo era «más grande» de lo que Claudio Tolomeo y Colón habían calculado.
Para los chilenos, esta información es relevante: si «la cintura de la tierra» (el ecuador terrestre) era un 25% más extenso, también lo era la distancia entre el Estrecho de Magallanes y el Polo Sur. Esta importancia radica en que el «Reyno de las Provincias de Chile» (el plural es significativo), que comenzó a denominarse así en la década de 1550, tenía su referente en el Estrecho de Magallanes.
Este referente se ubicaba sobre las latitudes 52°-53° sur, que en el hemisferio norte equivalen a regiones mucho más al norte que Francia, como el norte de Inglaterra, la costa de los Países Bajos y el norte de Alemania (Liverpool, Rotterdam, Amsterdam, Bremen, Hamburgo). Seguidamente hay que recordar que en 1615 la expedición neerlandesa le Maire-Schouten descubrió la ruta del Cabo de Hornos, y que en 1619, la expedición española de los hermanos Bartolomé y Gonzalo Nodal confirmó ese hallazgo y circunnavegó el archipiélago de Tierra del Fuego (descubriendo nuestras islas Diego Ramírez). Antes de la región del Cabo de Hornos, los territorios del “Reyno de la