La economía de Estados Unidos mostró un crecimiento superior al esperado en el primer trimestre del año, impulsado principalmente por un fuerte aumento en la inversión y las exportaciones. La revisión definitiva al alza del Producto Interno Bruto (PIB) sugiere una expansión que, aunque robusta en cifras, presenta fragilidades subyacentes.
Según el Buró de Análisis Económico (BEA), el PIB estadounidense avanzó un 0,5% entre enero y marzo respecto al trimestre anterior. A un ritmo anualizado, la expansión alcanzó el 2,1%, cifras que superan las estimaciones previas en una y cinco décimas, respectivamente, y coinciden con el primer dato publicado en abril.
Este repunte se explica por un incremento anualizado del 7,9% en la inversión y un notable 10,9% en las exportaciones. El gasto público también contribuyó significativamente, mostrando un aumento del 4,4%, lo que representa una importante aceleración tras el decrecimiento del 5,6% registrado en el periodo anterior. Sin embargo, el gasto de consumo solo avanzó un modesto 0,5%.
Las importaciones, que restan al cálculo del PIB, crecieron un 11,8%. Esta cifra, aunque alta, fue revisada a la baja respecto a la estimación anterior, lo que influyó positivamente en la mejora del PIB.
Ignacio Mieres, Head of Research de XTB, remarcó que el PIB superó lo esperado, “pero la composición es más débil, el impulso vino de las exportaciones, mientras el consumo se mostró flojo y la inversión en vivienda volvió a caer, su quinto retroceso consecutivo”.
Mieres destacó un fenómeno particular: “Destaca el aporte de los centros de datos, que crecieron cerca de 14% y explicaron por sí solos unos 0,8 puntos del dato, evidenciando que el dinamismo está concentrado en el ciclo de inversión en inteligencia artificial más que en una demanda interna sólida”.
El gasto en defensa también experimentó un alza del 2,1%, revirtiendo la reducción del 10,7% del periodo anterior. Este incremento se produce en un contexto de tensiones globales, marcado por el inicio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. El gasto federal general, por su parte, aumentó un 9,4%, en contraste con la caída del 16,6% observada entre octubre y diciembre pasados.
En cuanto a la inflación, el índice de precios de gastos de consumo personal (PCE) se incrementó un 4,6% interanual en el primer trimestre, una décima por encima de la estimación previa. A nivel subyacente, excluyendo energía y alimentos, el índice se mantuvo en un 4,4% respecto al año anterior, sin cambios desde abril.
Estos indicadores –PIB, inflación y datos de empleo– son cruciales para las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal (Fed). Este mes, la Fed mantuvo los tipos de interés estables en el rango del 3,5% y el 3,75%, tras la primera reunión bajo el liderazgo de su nuevo presidente, Kevin Warsh.
En este escenario, Mieres concluyó que Estados Unidos presenta “una economía que aún crece pero con bases frágiles y una inflación que no cede, lo que refuerza el sesgo de cautela de la Fed y acota el margen para retomar recortes en lo inmediato”. La situación plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del crecimiento y las futuras decisiones de la Fed.