Energy Club cierra sus puertas: cadena de gimnasios inicia liquidación

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La reconocida cadena de gimnasios Energy Club ha puesto fin a su trayectoria en el mercado chileno. Tras años de agudas dificultades económicas, la compañía confirmó oficialmente el cierre de sus operaciones en todas sus sedes, dejando a sus socios sin acceso a las instalaciones bajo el argumento de enfrentar un escenario insostenible.

La noticia comenzó a circular a través de las redes sociales de la marca, donde publicaron un aviso dirigido a sus clientes señalando que, “por motivos operacionales, el club permanecerá cerrado”. A través de un comunicado difundido por medios como Emol, la empresa explicó que intentaron mantener la continuidad del servicio mientras existieron alternativas reales, pero que finalmente se vieron forzados a solicitar su liquidación ante un complejo panorama de alta competitividad y alzas en los costos operacionales.

La crisis financiera y la demanda de Bci

Los problemas financieros de Energy Club no son recientes, ya que la compañía arrastraba una inestabilidad económica persistente desde 2019, situación que se agudizó con la crisis sanitaria. En su historial judicial, la firma logró concretar un acuerdo de reorganización en junio de 2025, el cual fue posteriormente modificado en enero de 2026.

Sin embargo, la situación alcanzó un punto de quiebre en abril de este año, cuando Pulso reveló que el banco Bci interpuso una demanda contra la cadena, exigiendo su liquidación. La entidad financiera acusó el incumplimiento de los compromisos adquiridos en el plan de reorganización. Entre las faltas graves, se detalló lo siguiente:

  • Pagos insuficientes: A febrero, la empresa solo había cancelado $52 millones en cotizaciones previsionales, de un total adeudado de $240 millones.
  • Deuda tributaria: Se registró una deuda impaga por concepto de IVA y un convenio con la Tesorería que ascendía a los $1.363 millones.
  • Incumplimiento de plazos: Pese a que los acreedores habían otorgado una prórroga para los intereses devengados hasta el 30 de marzo, la compañía no cumplió con las obligaciones pactadas.

“Mientras existieron alternativas reales de continuidad, la compañía mantuvo su operación y continuó prestando servicio a sus socios”, manifestó la empresa en su declaración, justificando el cierre definitivo tras el fracaso de sus últimos intentos de rescate.

Aunque el banco de la familia Yarur se había mostrado abierto en su momento a evaluar propuestas para viabilizar la operación, la falta de cumplimiento en los pagos clave terminó por sellar el destino de la cadena. Por ahora, el cierre es absoluto y los usuarios se mantienen a la espera de conocer qué sucederá con las membresías pagadas y los servicios contratados anticipadamente.

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