En un ambiente de alta tensión política, Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, representante del izquierdista Juntos por el Perú, dieron por terminada este jueves su campaña electoral. Ambos aspirantes a la presidencia concentraron sus actos finales en Lima, buscando conquistar a los indecisos en un escenario electoral donde un sondeo privado, filtrado durante la misma jornada, sugiere un empate técnico con una leve ventaja para el postulante de izquierda.
Perú, que ha lidiado con la inestabilidad de contar con ocho presidentes en la última década —marcados por destituciones promovidas desde el Congreso—, busca con esta votación cerrar un ciclo de incertidumbre tras el fallido gobierno de Pedro Castillo (2021-2022). La elección se presenta como un dilema entre el retorno del fujimorismo o la consolidación de un proyecto de izquierda.
El cierre de campaña de Keiko Fujimori
La hija de Alberto Fujimori (quien gobernó entre 1990-2000) realizó su cierre frente al Estadio Monumental. En su cuarta postulación presidencial, tras haber sido derrotada anteriormente por Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021), la candidata prometió una “reconciliación nacional” acotada a un solo mandato de cinco años.
Esta elección nos va a permitir elegir el rumbo: si es que queremos avanzar en unidad o retroceder y quedarnos atrapados en el odio, el insulto y la venganza. Nosotros representamos progreso, ellos representan retroceso. Nosotros representamos reconciliación, ellos lo que buscan es dividir a todos los peruanos.
Fujimori enfatizó que cuenta con el “permiso” de sus hijas para gobernar solo el periodo 2026-2031, marcando distancia con la gestión de su padre, quien dimitió por fax desde Japón y fue condenado posteriormente por corrupción y delitos contra los derechos humanos.
La postura de Roberto Sánchez
Por su parte, Roberto Sánchez celebró su mitin en el Campo de Marte, donde arremetió duramente contra su rival. El exministro de Castillo se presentó utilizando el sombrero andino del exmandatario, posicionándose como el heredero de un proyecto popular que, según él, sufrió discriminación y racismo.
Sánchez no solo prometió derogar las leyes identificadas como “procrimen” impulsadas por el fujimorismo, sino que reafirmó su compromiso de indultar a Pedro Castillo, quien cumple una condena de 11 años y 5 meses de prisión por su intento de golpe de Estado en 2022. “Abajo el fujimorismo, abajo la corrupción, porque vamos a derrotarlo, podemos ser pobres pero no somos corruptos”, declaró frente a sus seguidores.
Con el país expectante ante las urnas, el próximo presidente deberá liderar el periodo 2026-2031, enfrentando el enorme desafío de restaurar el equilibrio de poderes. La gran incógnita sigue siendo si el votante indeciso se inclinará por la promesa de reconciliación de la derecha o por la refundación estatal que propone la izquierda.