Trauma en Gaza: niños pierden el habla tras meses de guerra extrema

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La guerra entre Israel y Palestina no solo ha dejado una estela de miles de fallecidos, sino que ha generado una crisis de salud mental sin precedentes en la infancia de Gaza. Muchos menores, enfrentados a una violencia incesante, han perdido la capacidad de comunicarse verbalmente como una respuesta neurológica ante el trauma.

Katrin Glatz Brubakk, psicoterapeuta infantil de origen noruego, ha sido testigo directo de esta realidad. Tras realizar dos misiones en la zona de conflicto durante 2024 y 2025 junto a Médicos Sin Fronteras (MSF), la experta asegura que el daño es generalizado. Aunque no existe un conteo oficial exacto, Glatz afirma haber tratado personalmente a decenas de niños que dejaron de hablar por completo.

El impacto neurológico del estrés extremo

Según la especialista, el trauma en Gaza ha afectado a más de un millón de niños. La falta de seguridad, la pérdida de sus hogares, la muerte de seres queridos y la visión de cuerpos mutilados han impactado profundamente su desarrollo. Glatz explica que el retraimiento no es una decisión voluntaria, sino una estrategia biológica para evitar la interacción con un entorno que les inflige dolor constante.

"Para esos niños es una forma de no interactuar con este mundo que no deja de hacerlos sufrir y de infligirles dolor. Así que no es una elección consciente, sino una respuesta neurológica al estrés y al trauma extremos", señala la terapeuta.

El impacto físico en el cerebro es una de las mayores preocupaciones de la psicóloga. El estrés prolongado provoca que la amígdala, responsable de las emociones intensas, aumente su tamaño, mientras que la corteza prefrontal —encargada de la resolución de problemas y la regulación emocional— se desarrolla deficientemente, presentando menos conexiones neuronales. Si este estado de retraimiento se mantiene, Glatz advierte que los niños podrían sufrir daños cognitivos permanentes.

La terapia de las "pompas de esperanza"

Ante este panorama desolador, la especialista implementó técnicas de juego como una vía para rescatar la infancia. Entre estas, destaca el uso de pompas de jabón, a las que denomina "pompas de esperanza", como una herramienta para calmar el sistema nervioso central. Al pedir a los niños que soplen lentamente para generar burbujas, se fomenta una respiración profunda que ayuda a estabilizar la amígdala.

"Lo que hago es, básicamente, darle a la amígdala, el sistema de alarma del cerebro, la posibilidad de calmarse", explica. Aunque reconoce que no es una solución definitiva para el conflicto, estas técnicas permiten que los menores tengan una oportunidad de mejorar su desarrollo a largo plazo.

Actualmente, el acceso humanitario a la Franja de Gaza permanece restringido, limitando severamente la capacidad de los especialistas para brindar asistencia. Katrin Glatz Brubakk espera que la situación cambie pronto, manteniendo su disposición absoluta para retornar al territorio y seguir apoyando a los niños que enfrentan este trauma de guerra, cuya recuperación sigue siendo una incertidumbre para el futuro de la región.

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