La ex participante de Gran Hermano 2, ICata, decidió romper el silencio sobre una faceta poco conocida de su vida personal. A través de un video compartido en su cuenta de Instagram, la creadora de contenido se sumó a un popular trend digital para explicar por qué su estilo de vida, marcado por el alto rendimiento desde la niñez, no es algo que genere envidia entre sus seguidores.
El alto costo de la alta competencia
La influencer fue enfática al señalar que su infancia fue sacrificada en pos del deporte. «Yo no tuve infancia, se nota. A los 5 años tuve mi primera competencia como gimnasta», confesó ante su audiencia. Según detalló, su rutina fue extremadamente exigente: a los 8 años ya entrenaba en el Centro de Alto Rendimiento (CAR), para luego integrarse a la selección nacional. A los 12 años, viajó a su primer sudamericano en Ecuador, desplazándose sola con su entrenadora y sin la compañía de sus padres, un ritmo que mantuvo hasta los 15 años, edad en la que comenzó a trabajar.
La falta de protocolos adecuados en aquella época es un factor clave en sus problemas actuales.
«Años atrás no había cuidado con el cuerpo del deportista. Terapia, kinesiología o fisiología no eran parte importante de la vida deportiva. Las repercusiones quedan para siempre»
, reflexionó ICata. La exfigura televisiva enfatizó que ser deportista de élite a tan corta edad le permitió ganar experiencias, pero le arrebató una parte fundamental de su desarrollo personal.
Consecuencias físicas y mentales
En la actualidad, a sus 31 años, la influencer lidia con un complejo diagnóstico médico. Según reveló, padece de dolores crónicos, osteocondrosis, hiperlordosis, escoliosis y un esguince crónico en el pie derecho. Además, señaló que su sistema inmunológico se debilita ante factores como el calor, el consumo de chocolate o situaciones de estrés, provocándole brotes recurrentes de herpes, una condición que la acompaña desde su etapa escolar.
A esto se suma un grave problema de insomnio que se ha agravado con el tiempo. La creadora de contenido recordó que hace algunos años sufrió un asalto en su propia casa con los residentes en el interior, hecho que dejó una marca profunda en su tranquilidad. «Mi hermana les puede confirmar cuántas miles de veces aparecía en su pieza para no dormir sola… Siempre la hora de dormir fue una pesadilla, incluso hoy. Con 31 años no logro encontrar paz en mi sueño», transparentó.
Hoy, ICata enfrenta un proceso de aprendizaje para manejar sus crisis de estrés y las llagas que le genera, intentando lidiar con un pasado que, aunque forjó su carácter, dejó una huella imborrable en su salud física y mental. La interrogante que queda abierta es cómo continuará su recuperación integral en un entorno mediático que a menudo ignora las secuelas invisibles de los antiguos deportistas de élite.