La automotriz japonesa Subaru cerró su año fiscal, finalizado en marzo, con resultados financieros marcados por una fuerte contracción. La compañía registró un beneficio neto atribuido de 90.842 millones de yenes (equivalentes a 492 millones de euros), lo que representa un desplome del 73,1% en comparación con el ejercicio anterior.
La firma atribuyó este complejo escenario a una suma de factores globales que afectaron su estabilidad. Según explicaron desde la compañía al presentar sus cuentas anuales este viernes:
El entorno operativo de Subaru durante el año fiscal atravesó cambios significativos, incluyendo el impacto de aranceles adicionales de Estados Unidos y los cambios en regulaciones ambientales, al tiempo que riesgos geopolíticos como la situación en deterioro en Oriente Próximo se volvieron más presentes.
El impacto de los costos y la estrategia de inversión
A pesar del desplome en las utilidades, la facturación de Subaru logró alcanzar los 4,784 billones de yenes (25.944 millones de euros), reflejando un alza del 2,1%. Este incremento se explica por mejoras en el mix de productos y ajustes de precios, factores que lograron compensar la menor cantidad de vehículos vendidos y la apreciación del yen frente al dólar estadounidense.
Sin embargo, el margen de beneficio se vio presionado por un aumento del 9,7% en los costos asociados a las ventas, que llegaron a los 4,065 billones de yenes (22.045 millones de euros). En cuanto a la gestión operativa, la empresa redujo sus gastos de venta y administrativos en un 11,2%, situándolos en 373.610 millones de yenes (2.026 millones de euros). En contraste, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) creció un 18,9%, totalizando 169.424 millones de yenes (918,8 millones de euros).
Producción y desafíos en la cadena de suministro
La capacidad productiva también sufrió alteraciones durante este periodo. Subaru debió paralizar una línea de montaje específica para realizar obras de infraestructura orientadas a la futura producción de vehículos eléctricos de batería. Esta decisión provocó que la fabricación en Japón cayera un 12,8%, llegando a las 525.000 unidades, mientras que la producción extranjera logró un ligero repunte del 3,1%, alcanzando los 355.000 vehículos.
En el plano comercial, la marca colocó un total de 896.000 vehículos, una caída del 4,3% respecto al ejercicio anterior. La empresa sostiene que esta baja responde directamente a las interrupciones en los envíos derivadas de la parada técnica en sus plantas y la inestabilidad en los mercados internacionales. El futuro de la compañía dependerá ahora de qué tan rápido puedan absorber los costos de su transición hacia la electromovilidad mientras enfrentan un entorno geopolítico incierto.