El salvadoreño Evelio Menjívar ha hecho historia al ser nombrado obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston. Su trayectoria, que comienza con un peligroso cruce fronterizo oculto en el maletero de un vehículo, hoy desafía los estigmas migratorios en Estados Unidos, específicamente en un estado de Virginia Occidental caracterizado por su fuerte inclinación republicana.
Más de tres décadas después de abandonar El Salvador en 1990 huyendo de la guerra civil, el religioso asume su nuevo rol pastoral en un contexto político complejo. El escenario actual está marcado por las tensiones entre el papa León XIV y Donald Trump, cuyas posturas son divergentes tanto en materia migratoria como en la gestión de conflictos internacionales, como la guerra contra Irán.
Supervivencia y el sueño americano
Recordando sus inicios, Menjívar confiesa a EFE que su salida de El Salvador fue una medida desesperada ante la falta de oportunidades y el riesgo constante de ser reclutado por el ejército o la guerrilla. Tras un intento fallido en Tijuana, donde fue detenido y deportado tras ver la bandera estadounidense desde la frontera, persistió en su objetivo.
Creciendo en El Salvador durante la guerra, no había oportunidades. Los jóvenes corrían peligro de ser reclutados por el ejército o la guerrilla. Así que se me metió en la cabeza que tenía que salir del país.
Finalmente, tras dos intentos más, logró cruzar la frontera apretado en el maletero de un coche junto a su hermano y dos primos. Su llegada a Los Ángeles representó un choque cultural absoluto para un joven que, hasta entonces, solo conocía su pequeño pueblo natal. Con el tiempo, obtuvo protección humanitaria, una visa de trabajador religioso y, en 2006, se convirtió en ciudadano estadounidense.
Defensor de la dignidad humana
A sus 56 años, el nombramiento de Menjívar resulta significativo considerando que cerca del 90 % de la población en su nueva diócesis es caucásica y mayoritariamente seguidora de Donald Trump. El obispo rechaza que su designación sea una provocación papal, comparándola más bien con la propia labor misionera del pontífice en Perú, donde logró conectar con comunidades extranjeras mediante la cercanía.
Respecto a su postura ante la clase política, aclara su visión: «Yo prefiero que digan que soy defensor de los inmigrantes. Sea quien sea que esté en la Casa Blanca, tendrá mi crítica si las políticas van en contra de la dignidad humana». En este sentido, valora el reciente encuentro entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el papa León XIV en el Vaticano como un paso necesario hacia el diálogo.
Para Menjívar, su misión es clara: aplicar los verbos de dar la bienvenida, acoger, proteger y promover. Mientras se prepara para predicar en una región con poca diversidad, su mensaje final es un llamado a no definir a las personas únicamente por la forma en que ingresaron al país. Para él, el maletero de un auto es solo una fracción de una historia mucho más amplia que busca integrar desde la fe y la dignidad.