La crisis arbitral en el fútbol chileno dejó de ser un problema técnico para transformarse en un conflicto político de máxima gravedad dentro de la ANFP. El jefe de la comisión de árbitros, Roberto Tobar, atraviesa su momento más crítico tras recibir un ultimátum directo de la dirigencia encabezada por Pablo Milad, quien le ha exigido una reestructuración profunda o, de lo contrario, su salida inmediata del cargo.
La orden desde Quilín
Fuentes cercanas a la sede de Quilín confirmaron a La Tercera que la instrucción hacia Tobar es tajante: la única vía para conservar su puesto es la depuración de la plantilla arbitral. La directiva busca separar a los jueces de menor rendimiento y retener solo a los elementos mejor evaluados. El propio Pablo Milad ratificó esta postura tras una reunión en el Mindep:
“Hay que seguir apretando a los árbitros. Ya lo sabe Tobar y su equipo: tienen que mejorar. Hay que seguir apretando a los árbitros, en el sentido de que apliquen los mismos criterios y no haya una dualidad en un mismo partido”
El timonel de la ANFP enfatizó que la inconsistencia en el criterio arbitral está dañando gravemente la credibilidad del campeonato nacional, un fenómeno que ha escalado más allá de las fronteras chilenas.
Voces críticas y pasado turbulento
La gestión de Roberto Tobar ha sido objeto de duras críticas internacionales, destacando los comentarios del exjefe arbitral argentino Javier Castrilli. Tras una polémica jugada entre Jovanny Campusano y Javier Altamirano, Castrilli calificó abiertamente la administración de Tobar como “mediocre”, sumando leña al fuego de una imagen institucional que se percibe cada vez más deteriorada.
El historial de desgaste incluye hitos que han erosionado la confianza, como la reunión no informada que Tobar mantuvo en agosto de 2025 con Aníbal Mosa, máximo dirigente de Blanco y Negro, previo a un clásico. Este encuentro generó una tensión innecesaria difícil de contener para el estamento arbitral.
Problemas internos: del VAR a las sanciones
Además de la presión pública, la oficina de Roberto Tobar enfrenta cuestionamientos sobre su manejo interno. La falta de uniformidad en la implementación del VAR se ha convertido en una constante quejas de clubes y aficionados. Asimismo, el caso de las árbitras Cindy Nahuelcoy y Loreto Toloza, sancionadas tras denunciar favoritismos, sigue siendo un foco de conflicto que pone en duda la equidad del sistema.
Hoy, el arbitraje nacional se encuentra en una encrucijada sin retorno. Con la paciencia de la directiva agotada, el destino de Tobar depende de una limpieza urgente en el referato. ¿Será suficiente una poda de nombres para salvar la credibilidad del torneo, o el problema del arbitraje en Chile es estructuralmente más profundo de lo que la ANFP está dispuesta a admitir?