La provincia de Alberta celebra este lunes un referéndum sobre su posible separación de Canadá. Aunque el proceso no es vinculante, ha generado inquietud en el gobierno de Mark Carney.
Este movimiento ha sido impulsado por el Movimiento Separatista de Alberta, que acusa al gobierno central de obstaculizar el desarrollo petrolero en la región, una de las zonas más ricas del país en recursos energéticos.
El referéndum se desarrolla en un contexto de fuertes tensiones comerciales entre Canadá y Estados Unidos. Carney, por su parte, ha defendido públicamente la unidad de la nación.
“Canadá no es una transacción entre provincias. No se trata de ingresos brutos ni netos, de dar y recibir”, expuso el viernes.
Las proyecciones indican que aproximadamente el 60% de los residentes de Alberta votaría por permanecer en Canadá. Sin embargo, expertos advierten que los movimientos independentistas persistirán.
Duane Bratt, politólogo de la Universidad Mount Royal, explicó que “este problema no va a desaparecer ahora. Porque los separatistas están movilizados. Han creado redes. Están conectados”.
Varios defensores del referéndum buscan presionar al gobierno en Ottawa para que priorice la industria petrolera, incluso sobre las medidas ambientales.
De acuerdo con una encuesta de Angus Reid, el 60% del tercio de los habitantes de Alberta que apoyarían un futuro referéndum vinculante sobre la separación, lo haría con la motivación de “enviar un mensaje” al gobierno federal. Solo el 37% de ese grupo afirmó que su principal razón era la independencia del país.
Aunque los grupos separatistas han presentado planes de transición, aún persisten dudas sobre aspectos fundamentales de una eventual independencia, como la defensa, la moneda y el control de fronteras.