La Cámara de los Diputados de Italia aprobó este jueves la polémica reforma electoral impulsada por la primera ministra Giorgia Meloni. Este texto es fundamental con miras a las elecciones generales previstas para 2027.
La medida fue ratificada en la Cámara Baja con 227 votos a favor y 164 en contra, en un proceso de voto secreto. La aprobación fue recibida con aplausos por la bancada de la coalición de Meloni, marcando una victoria política significativa para la líder italiana.
Esta aprobación logró superar las tensiones internas previas entre su partido, Hermanos de Italia, y sus socios conservadores Forza Italia (FI) y la ultraderechista Liga durante la tramitación. La ley, conocida como ‘Stabilicum’, busca proporcionar estabilidad al sistema político italiano.
Su principal novedad es la asignación de un “premio” de escaños a la lista o coalición que obtenga el 42% de los votos en los comicios. Esto implica 70 escaños adicionales en la Cámara de Diputados y 35 en el Senado, para afianzar el poder parlamentario de la fuerza ganadora.
Además, la reforma reinstaura un sistema que combina cabezas de lista bloqueados con la opción de que los electores expresen preferencias por otros candidatos, una fórmula que generó discrepancias entre los socios de Gobierno durante las negociaciones.
Las desavenencias previas habían generado preocupación en el Ejecutivo. La propia Meloni había advertido que “tomaría nota” si la norma era rechazada, recordando que algunos de sus propios parlamentarios votaron en contra en el Senado en julio, amparados por el anonimato del voto.
La ley sale adelante con la oposición tajante del bloque de centroizquierda, compuesto por el Partido Demócrata (PD), el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y Alianza Verde e Izquierdas (AVS), entre otros, que la consideran un “traje a medida” inconstitucional para beneficiar a la derecha.
El líder del M5S, Giuseppe Conte, acusó al Gobierno de modificar la normativa por “miedo a perder” y con el objetivo de “perpetuar su poder”. En su intervención en el hemiciclo, Conte afirmó: “Existe esta sutil pero persistente nostalgia por los veinte años de fascismo que aún os inspira. Para ustedes, la democracia en su versión moderna es un régimen iliberal encubierto, una autocracia”.
Por su parte, Elly Schlein, líder del PD y figura principal de la oposición, calificó la reforma de “equivocada e inconstitucional”. Criticó al Gobierno por intentar “cambiar las reglas del juego y las leyes con la partida ya iniciada”.
La diputada de Italia Viva, Maria Elena Boschi, cuestionó que, tras la derrota del Ejecutivo en el referéndum sobre la justicia en marzo, “la única preocupación de Meloni haya sido cómo asegurarse el poder cambiando la ley electoral”. En la misma línea, Angelo Bonelli, portavoz de Alianza Verde e Izquierdas (AVS), sugirió que la propia primera ministra es consciente de la inconstitucionalidad del texto.