Las uñas son a menudo pasadas por alto, pero representan un indicador silencioso de lo que ocurre en el organismo. Estas estructuras, que forman parte de la piel, pueden manifestar tanto afecciones propias como alteraciones secundarias derivadas de enfermedades sistémicas, incluso antes de que se presenten otros síntomas visibles.
Diversas patologías y sus tratamientos farmacológicos pueden provocar cambios en la forma o color de las uñas. Esto incluye infecciones por hongos o bacterias, así como condiciones más graves como enfermedades tumorales. La clave está en observar atentamente estas señales.
Una de las señales menos conocidas se encuentra en la lúnula, la zona blanquecina en forma de media luna visible en la base de la uña, especialmente en los pulgares. Esta parte es la porción visible de la matriz ungueal, el tejido vivo encargado de producir las células que forman la uña.
El color blanquecino de la lúnula se debe a su mayor grosor y a que las células recién formadas aún no han adquirido la transparencia característica de la queratina. El resto de la uña, en contraste, se ve rosado por los vasos sanguíneos subyacentes. La ausencia de la lúnula en algunos dedos, como el meñique, no debe ser motivo de preocupación, ya que en esos casos la matriz suele estar cubierta por la piel.
Una revisión de casos clínicos, publicada en la revista American Journal of the Medical Sciences, reveló que una lúnula de color rojo puede estar asociada a enfermedades cardiovasculares, hepáticas, sanguíneas, cutáneas o reumatológicas. El primer caso documentado lo describió en 1954 el médico Richard Terry del Hospital St. Bartholomew’s de Londres, quien encontró esta coloración en el 61% de 23 pacientes con insuficiencia cardíaca, cirrosis, linfoma o leucemia.
Sin embargo, una lúnula roja no es sinónimo automático de enfermedad grave. Hay pacientes con estas patologías que nunca la desarrollan y personas con lúnulas rojas sin ninguna condición de base. Si el enrojecimiento aparece simétricamente en varias uñas, los médicos suelen sospechar una causa sistémica; si es en una sola uña, se considera primero una causa local, como un golpe o una infección.
Más allá de la lúnula, el color general de la uña también ofrece pistas. La doctora Leticia Bórquez, dermatóloga de Clínica RedSalud Vitacura, destacó la importancia de una línea o mancha nueva de color café o negro, especialmente si aparece en una sola uña. Este signo puede indicar un melanoma, un tipo de cáncer de piel, por lo que requiere una evaluación médica urgente.
La doctora Bórquez también señaló que una coloración amarillenta suele relacionarse con el tabaco, el uso de esmaltes o la presencia de hongos. Las uñas pálidas se vinculan con cuadros de anemia, mientras que una tonalidad violácea o azulada puede sugerir enfermedades pulmonares o cardíacas crónicas.
Las pequeñas manchas blancas puntuales son normales en niños, pero en adultos suelen deberse a microtraumatismos. El doctor Héctor Fuenzalida, dermatólogo de IntegraMédica, aconseja consultar precozmente a un dermatólogo ante cualquier cambio en la coloración de la uña para determinar la causa mediante un examen físico o estudios como la dermatoscopia.
Las uñas también pueden ser examinadas para diagnosticar algunas condiciones dermatológicas, infecciosas o de otras especialidades.