Xu Jiayin, fundador del gigante inmobiliario chino Evergrande, fue condenado en primera instancia a cadena perpetua y a la incautación de todos sus bienes. La sentencia, dictada por un tribunal en Shenzhen, lo encontró culpable de diversos cargos que incluyen falseo de información financiera, emisión fraudulenta de acciones, sobornos y desfalco.
El mismo tribunal impuso multas millonarias a las entidades vinculadas: Evergrande Group deberá pagar 8.820 millones de yuanes (equivalentes a 1.311 millones de dólares), mientras que su principal filial, Evergrande Real Estate, fue sancionada con 7.000 millones de yuanes (1.040 millones de dólares). Además de Xu, otros cinco altos directivos de la compañía recibieron condenas de entre seis y dieciocho años de prisión, sumando un total de 56 sentencias en el caso, con penas mínimas de un año y diez meses, según reportó la televisión estatal CCTV.
Xu Jiayin, también conocido como Hui Ka Yan, llegó a ser el hombre más rico de China. Había estado bajo arresto domiciliario desde finales de 2023 y se declaró culpable en abril de los delitos imputados, expresando su arrepentimiento.
La trayectoria de Xu simboliza la transformación del sector inmobiliario chino. De ser un magnate y el empresario más acaudalado del país, su destino culminó en una condena perpetua, reflejando la magnitud de la crisis que su grupo desató. Una imagen reciente distribuida por el tribunal de Shenzhen muestra a un Xu envejecido, de pelo blanco y semblante serio, custodiado por dos policías, una clara antítesis de la foto de 2017 donde la revista Hurun lo presentaba como un «supercreador de riqueza» y fundador de un imperio en plena expansión.
Nacido en 1958 en la provincia de Henan, Xu se graduó del Instituto del Hierro y el Acero de Wuhan en 1982, tras lo cual trabajó una década en una siderúrgica estatal. En 1996 fundó Evergrande, y su primer gran éxito, Jinbi Garden en Cantón, se vendió en horas gracias a una fórmula de viviendas competitivas, preventas y rápida rotación de capital.
En 2017, la revista Forbes calculó su fortuna en 42.500 millones de dólares. Su influencia se extendió al fútbol, comprando el club de Cantón en 2010 y convirtiéndolo en potencia. Xu también cultivó una imagen de cercanía con el poder político, siendo miembro de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino. Se presentaba como filántropo, afirmando que el espíritu empresarial implicaba «asumir activamente la responsabilidad social» y su sueño era «dar a más gente un hogar», un ideal que contrasta drásticamente con su actual situación.