Durante el período de vacaciones de invierno escolares, la ciudad de Santiago experimentó una notable reducción en sus niveles de ruido ambiental, alcanzando una disminución de hasta un 54%. Este dato proviene de la Red de Monitoreo de Ruido Ambiental del Ministerio del Medio Ambiente, específicamente de la estación de Ñuñoa, un área residencial que cuenta con establecimientos educacionales.
La medición fue realizada en la estación ubicada en la calle Amapola, entre Coventry y Hamburgo. Se compararon los niveles promedio de ruido registrados en horario punta, de 07:00 a 08:00 horas, entre mayo y junio de 2026, con los obtenidos durante las vacaciones invernales.
El día que mostró el mayor descenso fue el miércoles, con una baja de 3,4 decibeles (dB), pasando de 57,0 a 53,6 dB, lo que equivale a la mencionada reducción del 54%. Le siguió el lunes, con una disminución de 57,0 a 54,3 dB (un 46% menos), mientras que el martes, jueves y viernes registraron descensos de entre el 34% y el 40%. En promedio, la estación de Ñuñoa observó una baja del 42% en sus niveles de ruido durante el receso escolar.
La red de monitoreo se enfoca principalmente en el ruido generado por el tránsito vehicular, que es la principal fuente de contaminación acústica urbana, responsable de aproximadamente el 70% de los niveles de exposición en las ciudades.
“El Ministerio del Medio Ambiente cuenta con una Red de Monitoreo de Ruido que nos permite identificar estas variaciones de manera objetiva y contar con información precisa sobre cómo cambian los niveles de ruido en nuestras ciudades”, afirmó la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo. “Esa data es clave para elaborar políticas públicas. Hoy estamos trabajando en el desarrollo de nuevas normas de calidad ambiental para proteger la salud de las personas frente a este contaminante”.
La ministra Toledo concluyó con un llamado a la ciudadanía: “Hacemos un llamado a sumar pequeños gestos que ayudan a bajar el ruido en nuestras ciudades, como evitar tocar la bocina si no es estrictamente necesario, mantener el silenciador de vehículos y motocicletas en buen estado, y moderar el volumen de la música en espacios compartidos. Son hábitos simples que también aportan a la convivencia en los barrios y a la calidad de vida de las personas”. Estos datos son cruciales para futuras políticas públicas que busquen mitigar la contaminación sonora y mejorar la calidad de vida en Santiago.