El balón que se usó en el histórico partido de cuartos de final del Mundial de México 1986, donde se enfrentaron Argentina e Inglaterra, se prepara para una nueva subasta. Este objeto, cargado de simbolismo, se hizo famoso por los dos goles de Diego Armando Maradona que marcaron ese encuentro.
Uno de los tantos es recordado como la “Mano de Dios”, mientras que el segundo, fruto de una espectacular corrida de Maradona eludiendo a varios rivales, es considerado el “Gol del Siglo”. No es la primera vez que esta pieza sale al mercado; en una subasta anterior, alcanzó un valor de 2.4 millones de dólares, lo que demuestra su enorme significado histórico.
La casa Heritage Auctions ha establecido un precio inicial de USD 2.5 millones, aunque los expertos en coleccionismo deportivo anticipan que la cifra final podría ser mucho mayor. Como referencia, la camiseta que Maradona vistió en aquel mismo partido fue vendida en 2022 por USD 9.2 millones. No obstante, los conocedores del mercado señalan que este balón se encuentra en una categoría única, sin precedentes que permitan estimar su valor real de venta.
El balón fue el protagonista silencioso de una tarde que trascendió lo meramente deportivo. Primero, presenció la controvertida jugada en la que Maradona superó al arquero inglés Peter Shilton usando su mano, una acción que el propio capitán argentino describió como
“un poco con la cabeza de Maradona, un poco con la mano de Dios”.
Apenas cuatro minutos después, el mismo balón volvió a ser parte de otra escena inolvidable: la legendaria carrera en la que el “10” gambeteó a cinco jugadores antes de anotar el gol que la FIFA, tras una encuesta en 2002, bautizó como el “Gol del Siglo”.
Para Heritage Auctions, la relevancia de este balón va más allá del ámbito deportivo. Los responsables de la subasta lo describen como el “Santo Grial” para cualquier aficionado al fútbol, un objeto irrepetible cuya profunda carga simbólica lo convierte en una de las reliquias más valiosas que han salido al mercado. Curiosamente, el árbitro de aquel partido conservó el balón en Túnez durante más de tres décadas antes de que reapareciera en el circuito de coleccionismo.