La tensión en Oriente Medio alcanzó un punto crítico tras el anuncio de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, destinado a poner fin a la guerra que estalló el 28 de febrero tras bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos contra territorio iraní. La respuesta de Irán, que incluyó ataques a intereses estadounidenses en países aliados del Golfo, desencadenó un conflicto que desde el 2 de marzo involucró a Líbano, cuando Hezbolá inició ataques que provocaron una ofensiva israelí para desmantelar al grupo chiita.
Rechazo frontal desde la extrema derecha
El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, fue tajante al desestimar el pacto a través de su canal de Telegram. «El acuerdo de Trump no nos compromete, no somos parte de ese acuerdo y no garantiza nuestra seguridad», declaró. El ministro exigió que no se acepten condiciones menores al desmantelamiento total de Hezbolá y pidió mantener el control de las zonas en Líbano ocupadas por el ejército israelí tras los combates.
En la misma línea, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, calificó el acuerdo de perjudicial para el Estado de Israel. El funcionario instó a continuar la campaña para derrocar al régimen iraní por cuenta propia, enfatizando la necesidad de emplear medios creativos para impedir que Irán consiga armamento nuclear, además de presionar por una intensificación de las operaciones militares en el frente libanés.
Voces críticas desde la oposición
El malestar no se limita al gabinete, ya que figuras clave de la oposición israelí también cuestionaron los términos alcanzados. El ex primer ministro y principal rival de Benjamín Netanyahu, Naftali Bennett, definió el entendimiento como un «giro peligroso para la seguridad de Israel», sugiriendo que solo un cambio de dirección política podrá rectificar los daños causados por este pacto.
Por su parte, Yair Golan, quien encabeza el partido de izquierda Los Demócratas, lamentó profundamente la situación. «Los ciudadanos israelíes se han despertado con un acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán, negociado sin tener en cuenta a Israel, sin su consentimiento ni su participación», señaló Golan en un comunicado oficial, calificando el escenario actual como una «mala mañana» para el país.