El organigrama del crimen organizado en Chile
La estructura del Tren de Aragua en territorio nacional ha quedado al descubierto tras una declaración clave entregada ante la PDI en el marco de la Operación Tokio. Los antecedentes, revelados inicialmente por Emol, detallan cómo esta organización criminal controla diversos mercados ilícitos en las principales comunas de Santiago y cómo se gestionan sus ganancias por delitos que incluyen extorsiones, robos, secuestros y fiestas clandestinas, logrando un blanqueo estimado en cerca de $80 mil millones.
El testigo, un integrante de la banda, aclaró las jerarquías internas y quiénes mantienen nexos reales. Según su testimonio, la cúpula está encabezada por el ‘Niño’ Guerrero y Johan Petrica, seguidos por Larry Álvarez (‘Larry Changa’), quien imparte órdenes a Carlos ‘Bobby’ Gómez. El declarante subrayó que los miembros auténticos son aquellos que estuvieron recluidos en la cárcel de Tocorón, en Venezuela, mientras que otros delincuentes operan bajo subfacciones con conexión directa, como es el caso de Yolvi González, vinculado a ‘Lacoste’.
Líderes y control territorial en Santiago
La organización funciona mediante una estricta segmentación territorial. En Santiago, figuras como Kevin ‘La Muerte’ comandan el sector en sociedad con Carlitos ‘Persa’ y ‘Catire Santa Rita’. Este grupo se encarga de cobrar la ‘vacuna’ a comerciantes y delincuentes del sector del Persa en Estación Central, además de controlar la zona de Cal y Canto. Todos los lanzazos y ventas de drogas en estos puntos deben rendir cuentas a estos jefes.
El esquema de mando es jerárquico y detallado:
- ‘Junior’, ‘Kevin La Muerte’ y ‘Cachete’ rinden cuentas directamente al ‘Francés’.
- ‘Jean Cal y Canto’ controla el Parque Almagro bajo el mando del ‘Ruso’.
- ‘Gallito’ domina Maipú, supeditado a ‘Cachete’.
- El grupo ‘Los Mapaches’, liderado por ‘Fran Mapache’ y ‘Negro Miranda’, opera en Quinta Normal, Renca y Estación Central bajo las órdenes de ‘Santa Anita’. En esta última comuna, ‘Catire’ controla un inmueble bautizado como ‘La Casa del Terror’.
Confesiones sobre el caso Ronald Ojeda
Uno de los puntos más críticos de la declaración relata cómo se discutió el secuestro y posterior asesinato del exteniente venezolano Ronald Ojeda. El testigo relató que los pormenores fueron comentados durante un asado realizado en una vulcanización de la avenida 5 de Abril, propiedad de Julio —quien falleció el mismo día del homicidio del carabinero Emmanuel Sánchez—.
En dicha reunión, José Carlos confesó ser el conductor del Nissan Versa utilizado en el secuestro y expresó su preocupación por el hallazgo de sus huellas digitales. Según el relato, en el asado estaban presentes ‘Yolvi’, el ‘Mudo’ (Jhonny López) y el fallecido Julio, celebrando su inminente fuga del país. Además, se identificó a ‘El Mudo’ como la persona que aparece en las grabaciones sujetando a la víctima por el cuello, mientras que ‘El Gordo Ale’ (Alfredo Henríquez) habría ingresado al domicilio de Ojeda.
Finanzas y mercados ilícitos
La distribución del dinero obtenido por secuestros recae en ‘El Turko’ (Rafael Gámez). Él es quien evalúa la participación de cada miembro —tanto de quienes materializan el rapto como de quienes realizan labores de contención— para decidir el pago individual. Lo recaudado excedente queda en manos de ‘El Turko’, Carlos ‘Bobby’ Gómez y la cúpula central de la banda.
Finalmente, el testigo explicó que la organización también supervisa otras actividades delictivas. Los ‘motochorros’ son controlados por ‘Kevin La Muerte’ y ‘Cachete’, quienes obligan a los delincuentes independientes a alinearse y pagar una cuota. Asimismo, el control de las fiestas clandestinas en parcelas de la Región Metropolitana está bajo el mando de sujetos conocidos como ‘Jefry’ y el ‘Ñoño Party’, quienes exigen el pago de una ‘vacuna’ para permitir la realización de estos eventos que, en ocasiones, han culminado en homicidios.