La Operación Tokio ha dejado al descubierto una estructura criminal con una capacidad financiera impactante. El fiscal regional Metropolitano Sur, Héctor Barros, confesó quedar “bien trastornado” tras analizar el volumen de dinero que maneja el Tren de Aragua, advirtiendo que la estrategia actual de encarcelamiento podría ser insuficiente ante semejante flujo de recursos.
En una reciente entrevista con Radio Duna, el persecutor detalló que las organizaciones criminales han logrado mover cerca de $75 mil millones en activos lavados desde Chile. Según Barros, esta realidad supera la capacidad de respuesta tradicional, ya que las redes operan de forma transnacional, moviendo capitales entre países como Perú, Bolivia, Colombia —donde permanece recluido Carlos “Bobby”, un líder clave de la banda— y Venezuela.
El rol de la banca y la red de lavado
Uno de los puntos críticos de la investigación es la infiltración en el sistema financiero. En la Operación Tokio, se detectó la participación activa de José Carlos Pérez Asencio, un ejecutivo del Banco Santander. Según el fiscal, este sujeto ayudaba a ocultar el origen de los fondos ilícitos de manera consciente.
“Establecimos que hay una red que se encargaba de subir los dineros desde la base hacia este ejecutivo, que era del banco Santander, y luego hacia una serie de maniobras para perder la trazabilidad del dinero. Él estando en la banca lo requieren, abre ocho productos bancarios y trata de hacer perder la trazabilidad de los dineros. Lo hace voluntariamente”, señaló Héctor Barros.
Extorsiones y la escalada de delitos
La investigación original, que comenzó enfocada en extorsiones dentro del barrio Bellavista, permitió a la fiscalía destapar un catálogo de delitos mucho más violento. Héctor Barros explicó que el Tren de Aragua funciona bajo una lógica delictiva integral, donde un crimen menor suele ser la puerta de entrada a secuestros y homicidios.
El fiscal fue tajante al señalar que la captura de los eslabones de primera línea, si bien es necesaria, no logra desarticular la estructura completa. ¿Es posible frenar el avance de estas organizaciones solo con persecución penal? Ante estas cifras astronómicas, la estrategia contra el crimen organizado enfrenta hoy su desafío más complejo, mientras las autoridades evalúan cómo cortar el flujo de dinero que sostiene la impunidad de estos grupos.