El Gran Premio de Mónaco dejó una jornada amarga para Charles Leclerc, quien terminó abandonando la carrera tras un choque contra las barreras en la vuelta 66. Mientras el local marchaba en la tercera posición, perdió el control de su monoplaza y señaló directamente al sistema de frenos como el responsable del incidente que permitió la victoria de Andrea Kimi Antonelli (Mercedes).
Tras finalizar su participación en Montecarlo, el monegasco fue tajante respecto a la falla técnica que experimentó durante la competencia. Según el corredor de Ferrari, el problema era evidente incluso antes de reiniciar la marcha tras la salida del safety car.
Los frenos traseros no funcionaban. Sabía que no estaban funcionando bien ya antes de la reanudación, porque desde la entrada del safety car veía las temperaturas y literalmente no funcionaban. Por más que frenara, los traseros no se calentaban y ya no se reactivaban, así que no podía hacer absolutamente nada.
El piloto de la escudería italiana además deslizó que el equipo ya habría detectado el origen del inconveniente, aunque la reparación definitiva aún está pendiente. Leclerc aseguró que la solución encontrada no estaba implementada en su vehículo en Mónaco, pero confirmó que formará parte de las actualizaciones para el próximo desafío en Barcelona.
La respuesta técnica de Brembo
Lejos de aceptar la responsabilidad técnica señalada por el piloto, Brembo, el proveedor oficial de frenos de Ferrari, emitió una reacción pública de inmediato. La empresa expresó un “gran asombro” ante las declaraciones públicas realizadas por el corredor una vez concluida la carrera.
Desde la compañía enfatizaron que actualmente no manejan información concluyente sobre las causas del desperfecto denunciado por Charles Leclerc. Por ello, consideraron que cualquier valoración técnica es “prematura” mientras no se realice un análisis exhaustivo de los datos recopilados.
La postura de Brembo es clara: cualquier diagnóstico definitivo requiere obligatoriamente una revisión conjunta de los datos de telemetría entre los ingenieros de la empresa y los especialistas de Ferrari. Mientras se espera por la auditoría técnica en Barcelona, persiste la incertidumbre sobre si fue un error de gestión térmica o un fallo mecánico del fabricante.