Ley de Etiquetado en Chile: ¿fracaso ante el aumento de la obesidad?

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Desde junio de 2016, Chile se convirtió en pionero mundial al implementar su Ley de Etiquetado de alimentos, una política pública diseñada para frenar la obesidad. Diez años después, el balance arroja una realidad agridulce: si bien la industria redujo los niveles de azúcar, el país enfrenta una crisis de malnutrición que no cede, posicionando a Chile como el segundo país con mayor tasa de obesidad en la OCDE, solo después de Estados Unidos.

¿Por qué los índices de obesidad siguen al alza?

El último Mapa Nutricional de la JUNAEB, difundido en 2025, entrega una cifra alarmante: 5 de cada 10 estudiantes evaluados presentan sobrepeso u obesidad. En el caso de los adultos, el panorama es aún más crítico, ya que 7 de cada 10 padecen malnutrición por exceso. Según la FAO, mientras en 2016 el 25,1% de los mayores de 15 años sufría obesidad, para 2025 esa cifra trepó al 34,4%.

Claudia Rojas, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sostiene que la normativa logró avances importantes en la reformulación de productos, pero fueron insuficientes. El azúcar total bajó cerca de un 15% en alimentos como lácteos y bebidas, pero este ingrediente fue reemplazado mayoritariamente por edulcorantes artificiales.

La normativa tuvo buenas intenciones y logró avances importantes, aunque insuficientes. Más que eliminar el problema, algunas reformulaciones lo trasladaron hacia nuevos desafíos.

El peligro de los edulcorantes y el entorno sedentario

La sustitución de azúcar por edulcorantes no calóricos ha disparado su consumo del 37% al 43% en la población nacional. La OMS advierte que esto contraviene la meta de reducir la preferencia por lo dulce. Además, la ciencia investiga cómo estos aditivos podrían estar vinculados a alteraciones metabólicas y al mantenimiento del sobrepeso.

Para Rojas, la ley tiene un límite estructural: se enfoca en la decisión del consumidor, pero ignora un entorno que fomenta la mala alimentación y el sedentarismo. Los datos son claros:

  • Solo el 26,4% de los niños entre 5 y 17 años realiza actividad física suficiente.
  • En adultos, apenas el 44,9% cumple con las recomendaciones de la OMS.
  • Los menores pasan cerca de 3 horas diarias frente a pantallas y poseen un promedio de 1,9 dispositivos electrónicos.

A estos factores se suma la variable socioeconómica, donde la inflación y el costo de la vida dificultan que las familias vulnerables accedan a dietas saludables, consolidando una brecha cultural en los hábitos alimentarios.

¿Es suficiente una nueva ley para ultraprocesados?

Actualmente, el Congreso debate la implementación de un nuevo sello para identificar alimentos ultraprocesados. Sin embargo, la experta advierte que la información por sí sola no ha sido la solución. El futuro de la política nutricional en Chile parece exigir cambios más profundos que trasciendan la etiqueta y ataquen el sedentarismo y la desigualdad estructural que hoy definen nuestra dieta.

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