El Banco Central de Cuba (BCC) confirmó este miércoles una noticia que impacta directamente en las finanzas internacionales de la isla: los servicios de Visa y Mastercard dejarán de operar a partir del próximo 6 de junio. Esta drástica decisión responde a la necesidad de evitar represalias derivadas de la Orden Ejecutiva No. 14404, firmada el 1 de mayo por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
¿Por qué se produce este corte financiero? Según la información oficial, un banco privado extranjero, cuya identidad no fue revelada por el BCC, decidió interrumpir su relación operativa con la entidad financiera Fincimex. Esta firma es parte del conglomerado empresarial del ejército cubano, Gaesa, y su desconexión busca eludir el complejo esquema de sanciones impuesto por Washington.
El impacto de la estrategia de Washington
La autoridad monetaria cubana fue enfática al señalar el origen de estas restricciones: “Dicha interrupción se relaciona directamente con la Orden Ejecutiva No. 14404 del 1 de mayo, emitida por el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, como parte de su estrategia de asfixia contra el pueblo de Cuba”.
“Cuba se ve imposibilitada de recibir ingresos como resultado de la comercialización de bienes y servicios por intermedio de tarjetas internacionales de probado alcance, tales como Visa y Mastercard”
Con esta medida, la isla pierde sus conexiones financieras más importantes con el exterior, complicando las transacciones comerciales. Esta escalada de presión de Estados Unidos se suma al bloqueo petrolero decretado en enero, que ya había generado una parálisis en gran parte de la economía local, considerando que Cuba solo logra producir el 40% de sus necesidades energéticas totales.
Empresas bajo la lupa y el efecto dominó
La Orden Ejecutiva del 1 de mayo establece sanciones para toda persona o empresa con vínculos comerciales o financieros con el Gobierno de Cuba, poniendo el foco en los sectores de energía, finanzas y defensa. El 7 de mayo se aplicaron medidas contra Gaesa, el gigante estatal que controla aproximadamente el 40% del PIB del país.
Este escenario ha provocado una salida masiva de inversionistas. Grandes cadenas hoteleras como las españolas Meliá e Iberostar han iniciado procesos de salida total o parcial. Asimismo, la minera canadiense Sherritt, que representaba la mayor inversión extranjera en la isla, anunció hace un mes su retiro inmediato ante el riesgo de las sanciones. La gran pregunta ahora es cuánto tiempo podrá resistir la infraestructura económica cubana bajo este cerco financiero total mientras se redefinen los lazos comerciales globales del país.