Plan económico de Milei: déficit cero y reforma tributaria ante el FMI

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) dio luz verde a la segunda revisión del acuerdo vigente con la administración de Javier Milei. Con esta resolución, se liberó una fracción de los 20.000 millones de dólares prometidos el año pasado, pero lo más relevante es la hoja de ruta establecida para el próximo bienio. Argentina se comprometió formalmente ante el organismo a ejecutar una ambiciosa agenda que prioriza una reforma impositiva integral, la mantención estricta del déficit cero y una postergación de los cambios al sistema previsional hasta después de las elecciones de 2027.

El complejo mapa impositivo argentino

El punto central del memorando es la simplificación de un sistema que el propio FMI describe como “complejo, altamente distorsivo e inestable”. Argentina opera actualmente bajo un esquema de más de 155 impuestos. Según los datos técnicos, cerca del 25% de la recaudación total proviene de tributos considerados negativos para la producción, tales como los derechos de exportación, el impuesto al cheque y el impuesto a los Ingresos Brutos (IIBB), que genera un efecto cascada perjudicial en cada etapa productiva.

Las recomendaciones del FMI para corregir esto incluyen:

  • Reducción de exenciones impositivas sectoriales.
  • Ampliación de la base de contribuyentes del impuesto a las ganancias.
  • Aumento del monotributo para pequeños negocios.
  • Simplificación del impuesto corporativo.
  • Eliminación gradual de retenciones al campo y del impuesto al cheque.

Como hoja de ruta a largo plazo, el organismo sugiere que las provincias reemplacen los Ingresos Brutos por un esquema de IVA compartido, emulando modelos como el de India o Brasil. Ya se observa un primer paso: el gobierno argentino presentó un cronograma para reducir derechos de exportación, medida que, según estimaciones del FMI, podría elevar las exportaciones agroindustriales un 10%, inyectar 5.000 millones de dólares anuales y sumar 0,4 puntos porcentuales al PIB.

Déficit cero: un equilibrio frágil

Mantener el Presupuesto 2027 bajo la regla del déficit cero representa el mayor reto para el Ejecutivo. Aunque en abril se logró superávit financiero, la sostenibilidad es puesta en duda. Lucio Garay, economista de Ecogo, advierte sobre la fragilidad del mercado laboral y la actividad económica:

“El déficit cero es posible de mantener, pero requiere de un esfuerzo constante para que la recaudación no pare de caer”

. El experto subraya que el Ejecutivo está forzando la recaudación y, al mismo tiempo, el ministro de Economía reconoció la dificultad de profundizar el ajuste en el gasto.

Además, el FMI encendió alarmas sobre las reservas internacionales, cuya posición neta es negativa por unos 10.000 millones de dólares. Se proyecta que los pagos al Fondo absorban el 18% de las reservas brutas del Banco Central para 2027. Garay añade que, ante el escenario electoral y la baja estacional de oferta de dólares en el segundo semestre, el Banco Central podría verse tentado a vender divisas para sostener el tipo de cambio.

Reforma previsional: la postergación estratégica

Sobre el sistema de pensiones, el documento es taxativo: no habrá cambios estructurales hasta después de las elecciones de 2027. El gobierno sostiene que, antes de cualquier modificación, es imperativo lograr la formalización laboral mediante la Ley de Modernización Laboral y mejorar el crecimiento privado. Actualmente, el gasto en pensiones equivale al 45% del presupuesto federal, cifra que tiende al alza por presiones demográficas. Garay cataloga esta decisión como un acto de pragmatismo político, señalando que el costo de reformar el sistema ahora superaría con creces los beneficios financieros.

Este caso argentino se desarrolla mientras Chile tramita una megarreforma de 40 medidas, la cual ha recibido advertencias del Consejo Fiscal Autónomo por riesgos a la sostenibilidad. La diferencia es notable: mientras Buenos Aires prioriza el ordenamiento del déficit antes de las reformas, en Chile se debate una reducción del impuesto corporativo del 27% al 23% sin medidas recaudatorias claras. La interrogante que queda abierta es si la estrategia de Milei logrará sostenerse frente a la presión social y la necesidad de reactivar la economía real antes de que se agoten los plazos de su hoja de ruta.

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