El 1 de mayo de 2008 marcó un antes y un después para los habitantes de Chaitén, en la Región de los Lagos. Lo que comenzó como un fin de semana largo por el Día del Trabajador se transformó en una pesadilla cuando, a las 23:38 horas, el volcán —conocido entonces solo como cerro Chaitén— despertó tras más de 9.000 años de inactividad, expulsando una columna de humo que cambió la vida de más de 4.000 personas.
Dos días antes, sismos inusuales habían sido desestimados por las autoridades como inofensivos. Sin embargo, la naturaleza envió señales: las aves abandonaron el lugar, las mascotas se inquietaron y animales salvajes bajaron de las montañas. La evacuación fue improvisada y desesperada. Juana Ampuero (72) recuerda haber dejado atrás toda su vida: “Dejamos nuestras ovejitas, cuántas vacas, mis gallinas. Todo quedó botado”. Por su parte, Sergio Caro (89) relata cómo, pensando que volvería en una semana, cerró su casa con llave y solo tomó un saco de papas con ropa.
La tragedia y la desconfianza estatal
El caos fue total. María Vergara relata que, mientras pasaban lista para embarcar en las barcazas, el volcán lanzó una erupción visible con “estrellitas” de fuego, lo que provocó un embarque desordenado. En medio de la oscuridad y el frío, familias como la de Ana Isabel (63) cruzaron el agua en lanchas, compartiendo una botella de manzanilla para combatir las bajas temperaturas durante un viaje de horas.
La situación empeoró el 12 de mayo, cuando lluvias intensas provocaron la crecida del río Blanco, que dividió la ciudad y arrasó con gran parte de las viviendas mediante lahares. Ya en el exilio, en Puerto Montt, los chaiteninos sufrieron el estigma. Sergio Caro comenta: “Nos miraban con desconfianza. Como sapo de otro pozo. Una mujer me dijo que no sabían qué costumbres teníamos, a lo que le respondí: ‘¿Conoce Chaitén? Entonces no hable, allá dejamos las puertas abiertas y nadie toca nada’”.
La resistencia de los “chaiteninos rebeldes”
Pese a que la justicia autorizó la evacuación forzosa bajo recurso de protección, muchos regresaron. La tensión alcanzó su punto máximo el 20 de febrero de 2009, cuando el Ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, sentenció: “Chaitén, desgraciadamente, ha muerto”, argumentando que no tenía posibilidades de recuperación. Sin embargo, para Bernardo Riquelme, dueño de la radio comunal y último en abandonar la zona, aquellas palabras fueron el combustible para quedarse.
El geólogo Aníbal Rivero explica que este desastre fue un punto de inflexión para Chile: “Antes se monitoreaban solo 3 de 90 volcanes activos; después, se creó la Red Nacional de Vigilancia Volcánica, que hoy supervisa 45”.
Chaitén hoy: entre la reconstrucción y el futuro
La resiliencia ha dado frutos. Según el Reporte Distrital 2024 de la Biblioteca del Congreso Nacional, Chaitén mantiene índices de seguridad superiores a los centros urbanos: solo 43 hechos delictivos por cada 100 mil habitantes, frente a los 6.443 de Puerto Montt. Hoy, el turismo en el Parque Pumalín, las nuevas instalaciones de cabañas y la inversión en servicios públicos como el nuevo hospital y el enrocado del río Blanco han devuelto la esperanza.
Desde la Secretaría Comunal de Planificación (Secplan), Carlos Zambrano admite que el desafío sigue siendo administrar un territorio tan vasto —equivalente en tamaño a Chiloé— con recursos limitados. A pesar de todo, la comuna ha demostrado que, contra el dictamen de las autoridades de hace 16 años, Chaitén no solo sobrevivió, sino que está en pleno proceso de consolidación.