El salvadoreño Evelio Menjívar, recién nombrado obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, encarna una trayectoria de vida marcada por la superación de fronteras extremas. Su nombramiento en Virginia Occidental, un estado de fuerte tendencia republicana, lo posiciona como un actor clave en medio de las tensiones migratorias que definen la actual relación entre Donald Trump y la jerarquía católica.
Supervivencia y el sueño americano
La historia de Menjívar comenzó en 1990, cuando huyó de la guerra civil en El Salvador ante la falta de oportunidades y el riesgo de ser reclutado. Tras intentos fallidos, incluyendo una deportación desde Tijuana, logró cruzar a territorio estadounidense escondido en el maletero de un vehículo junto a su hermano y dos primos.
Al llegar a Los Ángeles, un entorno multicultural contrastante con su origen, enfrentó la realidad de ser indocumentado. Con el tiempo, obtuvo protección humanitaria, una visa de trabajador religioso y, finalmente, la ciudadanía estadounidense en 2006.
Un pastor en territorio conservador
A sus 56 años, Menjívar se convierte en el primer obispo salvadoreño del país en una región donde cerca del 90% de la población es caucásica y el apoyo a Trump es predominante. Ante las especulaciones sobre si su elección es un desafío político del Papa, el obispo sostiene que es una decisión coherente con la labor misionera del pontífice.
Creciendo en El Salvador durante la guerra, no había oportunidades. Los jóvenes corrían peligro de ser reclutados por el ejército o la guerrilla. Así que se me metió en la cabeza que tenía que salir del país.
El obispo rechaza ser etiquetado como crítico de Trump, prefiriendo definirse como un defensor de la dignidad humana. Asegura que cualquier política gubernamental que vulnere los derechos básicos será objeto de su crítica, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
La Iglesia como refugio
En un contexto de diálogos complejos, como la reciente reunión entre el secretario de Estado, Marco Rubio, y el Papa, Menjívar aboga por la unidad. Su misión pastoral se centra en los pilares de “dar la bienvenida, acoger, proteger y promover”, verbos que definen su visión sobre la crisis migratoria.
El nuevo obispo espera que la comunidad de Virginia Occidental lo reconozca como un pastor cercano, capaz de trascender el estigma del migrante. Para él, la manera en que alguien llega a un país es apenas un fragmento de una historia mucho más amplia. El desafío ahora es integrar su experiencia personal con su labor espiritual en una región que apenas comienza a conocer su testimonio.