Hace 36 años, el 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos lanzó la Operación ‘Causa Justa’, la última intervención directa del país norteamericano en otro estado del continente latinoamericano. La misión, ordenada por el entonces presidente George H.W. Bush, tenía como objetivo detener al dictador panameño Manuel Antonio Noriega y juzgarlo por delitos de narcotráfico.
Noriega, quien había sido colaborador de la CIA en el pasado, se encontraba refugiado en la Nunciatura Apostólica de Panamá cuando se desató la invasión. Según la BBC, ese día desembarcaron en Panamá un total de 26.000 militares estadounidenses, con el objetivo de atacar las ciudades de Ciudad de Panamá y Colón.
Una Intervención Devastadora
La invasión se extendió por 42 días, durante los cuales se estima que murieron miles de panameños, tanto civiles como soldados. Además, se calcula que 20.000 personas quedaron sin hogar como consecuencia de los ataques.
Tal como señala el escritor panameño Guillermo Castro Herrera, la intervención dejó una «herida» en el país. «Utilizaron artillería y aviación para bombardear las zonas más densamente pobladas de la capital, donde había una gran cantidad de población viviendo en caserones antiguos de madera», explicó.
La Captura de Noriega
Tras 72 horas de combates, el ejército estadounidense logró entrar en la ciudad, siendo recibido «como un salvador» debido a los saqueos que se habían producido, según detalla The Guardian. Finalmente, el 3 de enero de 1990, Noriega se entregó tras ser acorralado en la Nunciatura Apostólica.
Inmediatamente, el dictador fue llevado a Estados Unidos para ser juzgado por cargos de narcotráfico, homicidio, lavado de dinero y crímenes de lesa humanidad. Fue condenado a 40 años de prisión, que se redujeron a 20 por buen comportamiento. Posteriormente, fue extraditado a Francia, donde cumplió 7 años más, antes de regresar a Panamá en 2011 para cumplir una pena de 20 años por crímenes contra la humanidad. Noriega falleció en 2017.
Una Herida Abierta
Según la investigadora en Derechos Humanos Nelva Araúz Reyes, la invasión sigue siendo «una herida abierta» en Panamá, ya que no ha habido «reparación de ningún tipo a los familiares de todas las víctimas y al país, por las pérdidas humanas y los daños a bienes del Estado». Además, se desconoce el paradero de muchos de los cadáveres de los panameños fallecidos.
La intervención de Estados Unidos en Panamá marcó el final de una era de injerencia directa del país norteamericano en Latinoamérica. Sin embargo, su legado sigue pesando sobre Panamá, donde aún se reclama justicia y reparación por los hechos ocurridos hace más de tres décadas.