Introducción
El siglo XX es un despliegue de maldad insolente… Así lo expresó Santos Discépolo en la letra del famoso tango ‘Cambalache’, y aunque sus palabras estaban dirigidas principalmente a Argentina, lamentablemente se aplican a todo el mundo y todas las épocas, incluyendo la nuestra. La maldad humana, la arrogancia y la sed de poder han dejado una huella indeleble en la historia de la humanidad.
En la actualidad, nos encontramos con líderes como Putin, Trump, Ortega y Kim, quienes representan la encarnación del mal en sus acciones y decisiones. Además, presenciamos cómo grupos extremistas cometen actos de violencia y terrorismo, siendo considerados héroes por algunos. ¿En qué tipo de mundo vivimos?
El Mal en nuestro planeta
El mal ha existido desde que el ser humano pisó la Tierra. Está representado por aquellos que conscientemente realizan actos maliciosos y disfrutan de las consecuencias que esto acarrea. Estas personas inducen a otros a cometer actos de infamia, convenciéndolos de que están obrando correctamente. La mayoría de sus seguidores ni siquiera comprenden que están haciendo el mal, ya que están convencidos de lo contrario.
Hoy en día, el mundo está dividido entre el bien y el mal. Desafortunadamente, presenciamos desastres como el reciente ataque organizado por Irán contra Israel. Esta nación, que se siente segura y confiada, responderá al mal con más mal, afectando no solo a los perpetradores, sino también a la población pacífica de Palestina.
Los socios del mal
Irán cuenta con socios como Rusia, China y Siria, regímenes que no merecen ser calificados en este escrito. En Chile, también encontramos personas y partidos políticos que justifican el horror de estos días mediante el silencio o declaraciones ambiguas. Es sorprendente ver cómo un partido que defiende la libertad, la igualdad y los derechos humanos puede aliarse con los mayores representantes del mal que dice querer erradicar.
El reciente evento entre Israel y Palestina podría ser una señal de distensión y una posible solución para la tensión en el Medio Oriente. Sin embargo, el mal no puede permitir que esto suceda, ya que pondría en peligro su influencia y poder.
Conclusión
La maldad humana ha dejado una marca indeleble en la historia y en la sociedad actual. Es importante reconocer cómo líderes y regímenes opresores perpetúan el mal y cómo esto afecta a la humanidad. Debemos estar alerta y luchar contra la maldad en todas sus formas, promoviendo la paz, la igualdad y el respeto por los derechos humanos.