Una tragedia golpeó al Hogar El Edén en Pitrufquén, La Araucanía, donde 16 adultos mayores fallecieron en un incendio. La residencia operaba sin permiso sanitario y acumulaba denuncias previas, generando un profundo impacto en la comunidad y abriendo interrogantes sobre la fiscalización de estos recintos.
Héctor, hijo de María del Carmen Fabres, una de las víctimas, relató la angustia que vivió esa madrugada. Cuando recibió la llamada de emergencia sobre el incendio en el hogar de su madre, los videos de la destrucción ya circulaban en redes sociales, confirmando la magnitud del desastre.
Al llegar a Comuy, a 30 kilómetros de Pitrufquén, el hogar ya estaba consumido por las llamas. Solo quedaban estructuras ennegrecidas, evidenciando la voracidad del fuego. La preocupación de Héctor se centró inmediatamente en encontrar a su madre.
Inicialmente, le informaron que siete adultos mayores se habían salvado, pero no pudieron confirmarle si su madre estaba entre ellos. Fue derivado a un colegio y a otro hogar donde trasladaban a los sobrevivientes, recorriendo ambos lugares sin éxito durante la madrugada.
“Cuando ya no encontramos nada, mi señora me dijo: ‘A lo mejor tú ya sientes qué es lo que pasó’” —cuenta Héctor.
Posteriormente, los familiares fueron a la posta del sector, donde les explicaron que la lista de sobrevivientes era de solo diez personas. El nombre de María del Carmen no figuraba. “Di por hecho que se había quemado”, lamenta Héctor.
La residencia, un Establecimiento de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM) ubicado en el kilómetro 21 de la Ruta S-70, no contaba con resolución sanitaria para funcionar y registraba sumarios desde hace siete años, algunos con multas y uno aún abierto desde el año pasado. Además, el municipio de Pitrufquén había presentado una denuncia en febrero por presuntos maltratos.
Seis meses antes del incendio, Héctor había trasladado a su madre a El Edén desde otra residencia donde la veía en malas condiciones, con despreocupación, suciedad y hasta moretones. “Me di cuenta que [el hogar] no reunía las condiciones”, asegura.
La familia acordó pagar $650 mil mensualmente en el nuevo hogar. Héctor se sintió confiado por la apariencia del lugar y el trato recibido. “En 15 días mi mamá se recuperó demasiado (…) Parecía muñeca ahora”, relata.
A pesar de su buena impresión, Héctor admite no haber solicitado certificados ni comprobado los cargos del personal. En el hogar trabajaban cuatro personas, además de la dueña. “Uno igual comete errores porque yo creo que uno debería ser más exigente en ese sentido. Pero uno no lo hace por el miedo de que no le vayan a recibir al abuelito”, explica.
La noche del viernes 11 de septiembre, fecha del siniestro, solo una cuidadora estaba a cargo de los 26 adultos mayores residentes. Ella no poseía estudios de enfermería o similares.
Antes de recurrir a hogares, Héctor y su esposa cuidaron a sus padres durante dos años, una experiencia que lo llevó al hospital. Un médico le advirtió que podría terminar en salud mental si no cambiaba su situación. Tras el fallecimiento de su padre y la demencia de su madre, el ingreso a un ELEAM se volvió una necesidad.
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