Una gigante cueva bajo la superficie de la Luna podría convertirse en un refugio crucial para las futuras misiones tripuladas. Para verificar su existencia, la NASA seleccionó un proyecto científico denominado GIMLI (Geophysical Instruments for Marius Lunar Pit Investigation), que explorará un misterioso pozo lunar para determinar si conecta con un antiguo túnel de lava.
La investigación se centrará en el Marius Hills Pit, una cavidad ubicada en el Oceanus Procellarum, en la cara visible del satélite. Este pozo, descubierto en 2009 por la sonda japonesa Kaguya, ha generado la hipótesis de que podría ser una entrada natural a un tubo de lava subterráneo. Dichos túneles se habrían formado hace miles de millones de años, durante un periodo de intensa actividad volcánica lunar.
Para explorar el subsuelo, la misión GIMLI empleará tecnología avanzada, incluyendo un radar de penetración terrestre, sensores sísmicos, un gravímetro y cámaras especializadas. Estos instrumentos permitirán a los científicos estudiar la estructura interna del terreno y determinar con precisión si existe una cavidad bajo el pozo.
La combinación de estas mediciones aportará información detallada sobre el interior lunar. Incluso si no se confirma la existencia de una cueva de grandes dimensiones, los datos recopilados serán valiosos para reconstruir el origen del pozo y comprender mejor la actividad volcánica del satélite en épocas remotas.
El proyecto cuenta con la colaboración de la Agencia Espacial Noruega, que contribuirá con el radar, y de Honeybee Robotics, empresa vinculada a Blue Origin, que participará en el desarrollo de los instrumentos. Los equipos serán enviados a la Luna a través de la iniciativa de Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS) de la NASA.
El interés por estas estructuras va más allá del conocimiento geológico. Si se confirma una cueva lo suficientemente grande, esta podría ofrecer un entorno protegido para los astronautas. La superficie lunar presenta condiciones extremas, con fluctuaciones de temperatura severas, altos niveles de radiación y el constante riesgo de impacto de micrometeoritos.
Gareth Morgan, investigador principal adjunto de GIMLI, dijo que confirmar la existencia de un tubo de lava de grandes dimensiones permitiría comprender mejor cómo funcionó el vulcanismo lunar y cómo evolucionó el paisaje del satélite.
Una cavidad subterránea podría mitigar muchos de estos peligros, lo que la haría relevante para los planes de establecer una presencia humana prolongada en la Luna. Los tubos de lava se forman cuando la superficie de una corriente de lava se enfría y solidifica, mientras el flujo interno continúa. Al vaciarse, dejan túneles que en la Luna podrían haberse conservado intactos por miles de millones de años, ofreciendo un refugio natural.