Una historia de amor a distancia, que unió a Rumania con Chile, revela los desafíos de conocer a alguien en línea. Georgia Blidar, originaria de Ineu, una pequeña ciudad rural en la región de Transilvania, relata cómo su vida dio un giro inesperado tras un encuentro virtual en Facebook con un chileno, Abraham Serey.
Georgia, quien creció en el campo rumano rodeada de naturaleza y juegos al aire libre, decidió estudiar periodismo motivada por su amor a las letras. Esta pasión la llevó a escribir un libro autobiográfico, ¿Me permites mirarte a los ojos?, donde narra su particular romance.
El primer contacto con Abraham se dio el 11 de diciembre de 2013, a pesar de los 13.012 kilómetros que los separaban. Un amigo en común en Facebook fue el puente para que Abraham, al ver un «Me gusta» de Georgia en una publicación, entrara a su perfil.
“Hoy es más peligroso que hace 11 años cuando me conocí con mi esposo. Ahora existe la inteligencia artificial y puede hacer miles de trucos”
La comunicación inicial fue principalmente por escrito y videollamadas, explorando sus intereses y personalidades. Blidar subraya que, a diferencia de la actualidad, la ausencia de inteligencia artificial facilitó que las personas se mostraran de forma más genuina.
A pesar de las dudas iniciales sobre la viabilidad de una relación a tanta distancia, la conexión fue innegable. Ocho meses después de conocerse en línea, Abraham viajó a Rumania para conocer a Georgia y a su familia, cimentando un amor que ya había florecido a través de la pantalla.
Ambos compartían la fe cristiana, lo que fortaleció aún más su vínculo. Tras el encuentro presencial, la decisión de casarse fue natural, un destino que Georgia describe como algo que “simplemente pasó”.
La pareja contrajo matrimonio en Chile, país que Georgia adoptó como su segundo hogar. La experiencia de vivir la cultura chilena le ha permitido a ella, al igual que a Abraham con la rumana, comprender mejor a su compañero y el país. Blidar destaca la belleza diversa de Chile, en particular sus playas, un contraste con la lejanía del Mar Negro en su natal Rumania.
Los chilenos le resultan más sonrientes y alegres que los rumanos, un rasgo que valora. “Me agrada que el chileno diga: ‘si es chileno es bueno’”, afirma, defendiendo la importancia del orgullo nacional.
Tras un periodo viviendo en Rumania, la pareja regresó a Chile. Este retorno, luego de cinco años, ha sido especial para Georgia. “Volví a mi segunda patria porque en ningún otro país he vivido, por ejemplo, ni siquiera dos años”, reflexiona.
La periodista encuentra a Santiago cambiado por los nuevos edificios, lo que dificulta un poco su orientación. Curiosamente, Georgia atribuye su dominio del español, fundamental para comunicarse con Abraham, a las telenovelas de Televisa que veía subtituladas.