Mirar fotografías antiguas o videos de uno mismo de hace años puede generar un daño emocional mayor que compararse con otras personas, según un nuevo estudio liderado por la profesora Tracy Tylka de la Universidad Estatal de Ohio, EEUU. La investigación, publicada en la revista Body Image en 2026, desafía el enfoque tradicional sobre la imagen corporal, que se concentraba en la comparación social. Este nuevo estudio revela que la auto-comparación con versiones pasadas puede ser igualmente o más perjudicial para la autoestima.
La psicóloga Nichole Wood-Barcalow notó esta tendencia en sus pacientes, lo que impulsó la investigación de Tylka. Su equipo desarrolló una herramienta de medición, la Self-Oriented Comparison Scale for Appearance (SOCS-A), un cuestionario de 11 preguntas, dado que no existía ninguna para evaluar este tipo de comparación. La escala identificó dos tipos de auto-comparación: la “ascendente”, cuando uno se mide contra una versión pasada percibida como más atractiva, y la “descendente”, al recordar una época en que se sentía menos atractivo.
Los resultados mostraron que la comparación ascendente se vincula con una peor imagen corporal, vergüenza, rumiación de pensamientos negativos y, en algunos casos, trastornos de la conducta alimentaria. Por el contrario, la comparación descendente se asoció con menos vergüenza y un aumento del orgullo y aprecio por el propio cuerpo. Este hallazgo sorprendió a los investigadores, ya que en la comparación social, mirar a quienes se juzga menos atractivos también puede generar sentimientos negativos como culpa.
La comparación descendente con uno mismo suele implicar que se trabajó para cambiar algo, y por eso aparece el orgullo.
Hubo diferencias notables por género: las mujeres puntuaron más alto en comparación ascendente, mientras que los hombres lo hicieron en la descendente. Tylka atribuye esto a la presión social que vincula el valor femenino con la apariencia. Momentos clave que disparan estas comparaciones incluyen la pubertad, el embarazo, la menopausia, la andropausia, enfermedades, el envejecimiento o cambios significativos de peso, y la mayoría de las personas los perciben negativamente.
La investigación subraya el olvido del edadismo en el campo de la imagen corporal y sugiere que las terapias no solo aborden la comparación con otros, sino también con el yo pasado. Actualmente, Tylka investiga la relación entre los fármacos GLP-1 (usados para la diabetes y obesidad), la imagen corporal y la alimentación, donde la auto-comparación con el pasado podría ser un factor crucial debido a los rápidos cambios físicos que estos tratamientos provocan.