Los F-5 que hoy cumplen cinco décadas de servicio en Chile, y que fueron vistos sobrevolando Santiago, protagonizaron una intrincada operación internacional de venta de armas en los años ochenta. Esta trama involucró a FAMAE, el tráfico de bombas de racimo defectuosas a Irán y un presunto secuestro orquestado por las propias Fuerzas Armadas.
La situación se desató cuando una de las bombas de racimo, fabricadas por Ferrimar —empresa fachada de FAMAE—, destruyó un avión del comandante de la fuerza aérea iraní durante una prueba en un campo cerca de Qom. Tras el incidente, los ingenieros chilenos y el intermediario francés con su hijo fueron apresados, mientras la aeronave se incendiaba por el explosivo defectuoso.
Como compensación, FAMAE ofreció un avión F-5 y negoció la venta de otros 15 a Irán, lo que representaba la totalidad de la flota de ese modelo de la Fuerza Aérea de Chile (FACh). Una investigación periodística, basada en recortes de prensa nacional e internacional, reveló los detalles de este escándalo, que culminó con el secuestro de un oficial que debía viajar a Teherán, atribuido al Frente Patriótico Manuel Rodríguez pero supuestamente planificado por las mismas Fuerzas Armadas.
El origen de la controversia se remonta a los años 80, cuando el ingeniero y empresario Carlos Cardoen comenzó a fabricar armas con el respaldo de FAMAE. Cardoen había vendido cerca de 29 mil bombas de racimo a Irak, por un valor estimado de 200 millones de dólares, durante la guerra entre Irán e Irak. Este lucrativo negocio despertó el interés del Ejército chileno, que buscó una participación mayor.
Así, FAMAE contrató al ingeniero principal de Industrias Cardoen y desarrolló sus propias bombas de racimo, utilizando para ello la empresa encubierta Ferrimar. Aunque Cardoen demandó a Ferrimar en 1985 por plagio de diseño, la nueva compañía siguió produciendo sus bombas “avispa”. El siguiente paso fue encontrar clientes, e Irán se perfiló como el comprador ideal, a pesar de la prohibición de Estados Unidos para comerciar armas con ese país, lo que exigía una operación secreta.
A pesar de los esfuerzos por mantener el secreto, en enero de 1987, The Daily Telegraph de Londres publicó un artículo citando fuentes iraníes que mencionaban un acuerdo de suministro de armas con Chile, especulando incluso sobre la posible venta de aviones F-5. Chile había adquirido 18 de estas aeronaves en 1974 por 44 millones de dólares, llegando las primeras unidades en 1976.
Meses después, el escándalo estalló en la prensa nacional. Según un reportaje de la revista Qué Pasa de la época, Ferrimar presentó un certificado de usuario final falso al Ministerio de Relaciones Exteriores, fechado en agosto de 1985. Este documento acreditaba la exportación de 500 bombas al Ejército de Nigeria, con la firma del mayor Da-Cocodia, un oficial técnico que había sido dado de baja el año anterior. Fuentes de la industria de defensa confirmaron que el verdadero destinatario era Irán.
El desastre se reveló en 1990, cuando se evidenció que las bombas de Ferrimar eran de menor calidad que las de Industrias Cardoen, con graves repercusiones para el Ejército chileno.