Cada vez que un sismo remece Chile, un volcán entra en erupción, un aluvión arrasa una zona o un tornado sorprende al sur, surge una interrogante crucial: ¿estamos realmente preparados? La respuesta suele enfocarse en la solidez de las construcciones, la eficiencia de los monitoreos o la efectividad de los protocolos de emergencia. Sin embargo, rara vez se profundiza en un aspecto de mayor alcance y trascendencia a largo plazo: la calidad de la enseñanza de las Ciencias de la Tierra a las futuras generaciones.
Chile se asienta sobre uno de los límites tectónicos más activos del planeta. La constante subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana no solo provoca algunos de los terremotos más potentes registrados históricamente, sino que también alimenta más de noventa volcanes activos y da forma a un relieve montañoso propenso a deslizamientos, remociones en masa y aluviones. Además, en los últimos años, la crisis climática ha intensificado las lluvias y los eventos meteorológicos extremos, mientras que fenómenos inusuales, como los tornados observados en el centro-sur del país, subrayan la necesidad de una gestión de riesgos cada vez más amplia e interdisciplinaria.
A pesar de esta realidad geográfica que define su identidad, las Ciencias de la Tierra mantienen una posición marginal en el currículo escolar chileno. Temas como geología, tectónica de placas, volcanismo, hidrogeología, geomorfología y riesgos naturales aparecen fragmentados en asignaturas como Ciencias Naturales o Geografía, sin consolidarse como una disciplina propia o una secuencia pedagógica coherente a lo largo de la educación formal.
El impacto de esta fragmentación es notorio. Muchos estudiantes aprenden que Chile experimenta terremotos porque “está sobre placas tectónicas”, pero pocos llegan a entender la dinámica interna del planeta, cómo se originan los sismos de subducción, la formación de tsunamis, el origen del volcanismo andino, qué factores desencadenan un aluvión o por qué ciertas quebradas representan un peligro constante. Aún más grave, conceptos fundamentales como aguas subterráneas, acuíferos, cuencas hidrográficas, erosión, estabilidad de laderas o peligros geológicos rara vez se abordan con la profundidad que la compleja geografía del país demanda.
Esta carencia educativa no solo empobrece la cultura científica general de la población, sino que también debilita la resiliencia nacional. Una ciudadanía que comprende los procesos geológicos del territorio en el que habita está mejor preparada para tomar decisiones informadas, interpretar correctamente las alertas, evitar la difusión de desinformación durante las emergencias y desarrollar una relación más consciente y responsable con su entorno. En este sentido, la educación se erige como la primera línea de defensa frente a los desastres naturales.
Aunque existen esfuerzos destacables por parte de instituciones como el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), diversas universidades, museos y centros de investigación, que han creado material didáctico y actividades de divulgación de gran calidad, estas iniciativas a menudo dependen del impulso individual de académicos o instituciones y no forman parte de una política educativa nacional sistemática.
El desafío va más allá del sistema público. Si bien algunos colegios privados incluyen salidas a terreno, laboratorios o proyectos científicos, la calidad de la enseñanza de las Ciencias de la Tierra sigue siendo muy dispar. En numerosos establecimientos, tanto públicos como privados, estos contenidos son impartidos por docentes cuya formación específica en geología o ciencias del sistema Tierra es, por necesidad, limitada, debido a la escasa presencia de estas disciplinas en la formación inicial docente.
Para que Chile logre ser un país verdaderamente resiliente, es imperativo avanzar hacia una educación en Ciencias de la Tierra más moderna, integrada y contextualizada. Esto implica un fortalecimiento curricular desde la enseñanza básica, la capacitación de docentes especializados y la creación de programas que conecten el aula con la realidad geológica del país.