Por siglos, mujeres que presentaban desde llanto frecuente y ataques de ansiedad hasta insomnio o un deseo sexual “excesivo”, recibían un único diagnóstico: histeria. Aunque hoy la palabra se asocia a una pérdida de control emocional, en la historia de la medicina fue considerada una enfermedad real y su supuesta causa se atribuía a un órgano específico: el útero.
La denominada «histeria femenina» fue un concepto médico dominante, especialmente en la Europa del siglo XIX, y continuó listada como trastorno psicológico en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría hasta 1980. Sus orígenes, sin embargo, se remontan a la Antigüedad.
Según la Oficina de Ciencia y Salud de la Universidad de McGill (Canadá), si bien fue descrita médicamente por primera vez en 1880 por el neurólogo francés Jean-Martin Charcot como una dolencia física, su teorización es mucho más antigua. Con el tiempo, la ciencia desmanteló estas creencias y el concepto fue eliminado de los manuales modernos de psiquiatría.
El término “histeria” proviene del griego hystéra, que significa “útero”. La enciclopedia especializada de EBSCO sobre historia de la medicina explica que el uso del término surgió de la antigua creencia de que este órgano era responsable de diversos trastornos físicos y emocionales en las mujeres.
Los antiguos egipcios ya formulaban la teoría del “útero errante”. Creían que el útero podía moverse libremente por el cuerpo femenino, presionando otros órganos y causando síntomas como desmayos, dificultad para respirar, ansiedad, convulsiones o cambios de ánimo. Médicos griegos como Hipócrates y posteriormente Galeno, expandieron esta idea, consolidándola como una explicación médica predominante por siglos.
En aquella época, el conocimiento del cuerpo humano era limitado. Se desconocían aspectos cruciales del sistema nervioso, las hormonas o los trastornos mentales, lo que llevó a que muchas dolencias se explicaran con teorías hoy completamente descartadas por la ciencia.
Con el paso del tiempo, el diagnóstico de histeria se amplió drásticamente hasta cubrir una vasta gama de síntomas. Una revisión de la revista científica Clinical Practice & Epidemiology in Mental Health detalla que se utilizó para explicar ansiedad, desmayos, nerviosismo, insomnio, tristeza, irritabilidad, dolores sin causa aparente, espasmos musculares y alteraciones del apetito.
Incluso se asociaba tanto a la falta de deseo sexual como a un deseo considerado excesivo para los parámetros sociales de la época. Esto convertía a la histeria en un «cajón de sastre» para síntomas que hoy se reconocen como enfermedades neurológicas o psiquiátricas específicas, o que simplemente no constituían una enfermedad.
El siglo XIX fue el periodo de mayor auge para este diagnóstico. En el Hospital de la Salpêtrière en París, el neurólogo Jean-Martin Charcot investigó a pacientes diagnosticadas. Sus estudios, según la Universidad McGill, empezaron a cuestionar la exclusiva procedencia uterina y sugirieron un componente neurológico.
“Dio conferencias a sus estudiantes de medicina, mostrándoles fotografías y sujetos vivos, sobre los síntomas de histeria que creía que eran causados por una lesión interna desco”
A pesar de su desaparición de los manuales, la historia de la histeria femenina sigue siendo un punto de debate entre historiadores y sociólogos, que analizan cómo esta antigua «enfermedad» influyó en la percepción y el control social del cuerpo y la psique de las mujeres a lo largo de los siglos.