Una nueva etapa en la Universidad Central
La actriz y exministra de Cultura, Paulina Urrutia, ha dado un giro significativo a su presente personal y profesional tras enfrentar el impacto del cáncer de mama y la partida de su esposo, el recordado periodista Augusto Góngora. Hoy, su rostro es habitual en la Universidad Central, donde encabeza un proyecto innovador destinado a eliminar los prejuicios etarios y promover la educación continua durante todo el ciclo vital.
Esta iniciativa ha transformado la convivencia cotidiana en el campus. Las personas mayores ya no son solo visitas, sino estudiantes regulares que comparten aulas, servicios académicos y experiencias diarias con alumnos de pregrado. El objetivo es claro: demostrar que el aprendizaje no reconoce edades y que la integración intergeneracional es un motor de desarrollo humano.
El factor sorpresa en las aulas
Uno de los ejes centrales del programa es el taller de cuentacuentos impartido por la propia Urrutia. La docente destacó que, para muchas alumnas, la sorpresa fue total al descubrir que la instructora detrás de la asignatura era la reconocida artista nacional. Según explica la exsecretaria de Estado, esta interacción es clave, ya que fomenta valores esenciales como la colaboración, el apoyo mutuo y la capacidad de solicitar ayuda cuando la situación lo requiere.
Carreras y desafíos de infraestructura
El programa ya es una realidad tangible en diversas facultades de la Universidad Central. Actualmente, las estudiantes de edad avanzada se encuentran integradas en mallas curriculares de carreras como nutrición, kinesiología, enfermería, tecnología médica y arquitectura. Además, la institución tiene en carpeta la pronta incorporación de la carrera de periodismo a esta experiencia académica compartida.
Para asegurar que esta inclusión sea efectiva, la universidad ha debido realizar adaptaciones logísticas y de infraestructura, como la disposición estratégica de salas en zonas de fácil acceso y próximas a ascensores. Más allá de lo académico, este proyecto tiene un trasfondo emocional profundo: para muchas de las participantes, asistir a la universidad representa el cumplimiento de un anhelo educativo que, por diversos motivos, quedó postergado en etapas previas de sus vidas.