La reciente ‘Operación Tokio’ ha sacudido la opinión pública tras revelarse la participación de una ejecutiva de BancoEstado en la red de lavado de activos del Tren de Aragua. Se trata de Rossana Magdalena Blanco Blanco, ciudadana venezolana cuya identidad y rol fueron expuestos tras decretarse prisión preventiva para los 14 imputados del caso.
El caso de Rossana Blanco se suma al arresto de José Carlos Pérez Asencio, ejecutivo del Banco Santander, quien fue capturado en una sucursal de calle Agustinas, en pleno corazón de Santiago. A pesar de ocupar cargos en el sistema financiero formal, ambos utilizaban su posición para facilitar las operaciones de una estructura criminal dedicada a delitos de extrema gravedad.
El rol criminal: más allá de los bancos
Lejos de limitar su actividad a labores administrativas, Rossana Blanco cumplía funciones clave en la organización: el cobro de la denominada “vacuna”, la gestión de secuestros y la explotación sexual mediante la trata de personas. El fiscal regional metropolitano sur, Héctor Barros, explicó la naturaleza de su vinculación:
“Ella se vinculaba principalmente a través de su pareja, en este caso, que estaba vinculada con las extorsiones y con los espectáculos nocturnos que se realizaban y desde los cuales también empezaban a extorsionar a los demás comerciantes que se dedicaban a estas funciones”
El persecutor detalló que la investigación en la Fiscalía Sur tuvo su origen en fiestas clandestinas celebradas en la comuna de San Ramón. Según Barros, la pareja de la imputada, junto a Bárbara Hernández —conocida en el mundo criminal como “Barbie”—, forjaba lazos con las víctimas para luego iniciar las extorsiones sistemáticas.
Del “parcelazo” en Lampa a la caída de la red
El punto de quiebre ocurrió cuando una dueña de un centro de eventos en San Ramón fue hostigada repetidamente. Tras negarse a prestar su inmueble para las actividades de la banda, su casa fue baleada en al menos 12 ocasiones. Este nivel de violencia escaló hasta el denominado “parcelazo” en Lampa, incidente que terminó con un saldo de cinco personas fallecidas.
La caída definitiva de la organización se precipitó cuando “Barbie” perdió su teléfono celular. El dispositivo contenía evidencia detallada sobre sus crímenes, incluyendo el flujo de dineros ilícitos. Estos fondos eran convertidos a criptomonedas y posteriormente distribuidos en más de 100 cuentas bancarias distintas, con destino principal en Colombia y Venezuela.
Actualmente, los 14 imputados permanecen en prisión preventiva mientras la fiscalía profundiza en la red de complicidades dentro de las instituciones financieras. ¿Hasta dónde llegará la infiltración de organizaciones transnacionales en la banca chilena? La indagatoria continúa en desarrollo.