Sebastián González y su nuevo reto: cruzar el peligroso canal de Hawái

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El nadador antofagastino Sebastián González se ha consolidado como una figura histórica del deporte nacional al convertirse en el primer chileno en obtener la triple corona de aguas abiertas. Este prestigioso reconocimiento lo alcanzó tras completar con éxito el cruce del Canal de la Mancha en septiembre pasado, sumado a sus conquistas previas en la bahía de Manhattan en Nueva York y el canal de Santa Catalina en Los Ángeles.

Ahora, el deportista tiene la mira puesta en un desafío de extrema dificultad: cruzar el canal Kaiwi en Hawái. Se trata de un trayecto de 42 kilómetros que separa las islas de Molokai y Oahu, el cual le exigirá mantenerse en el agua por un tiempo estimado de 15 a 16 horas continuas. Durante este proceso, González deberá enfrentarse a corrientes impredecibles, medusas y la presencia de tiburones.

La logística tras un nado extremo

Sobre la metodología de esta prueba, González explica que se trata de un nado sin asistencia y sin descansos: «No puedo tocar nada ni nadie me puede tocar. Me tienen que lanzar el termo amarrado a una cuerda al agua. Puedo parar, pero por las corrientes es mejor seguir nadando». La hidratación y alimentación son supervisadas por un nutricionista, utilizando una pauta estricta que contempla barras energéticas y frutas, considerando que el agua tibia genera una mayor deshidratación.

Respecto al riesgo de fauna marina, el nadador detalla protocolos específicos. Para evitar a los tiburones, el equipo planifica el cruce durante la noche, basándose en estudios que indican una menor frecuencia de ataques en ese horario. «El nado va a partir aproximadamente a las siete, ocho de la tarde, hora de Hawái… así, cuando ya esté amaneciendo, debería haber pasado la zona donde se estima que hay más tiburones», afirma. Además, contará con un brazalete que emite ondas para ahuyentarlos.

El factor medusas y la resiliencia mental

La presencia de la fragata portuguesa en Hawái es una preocupación real. González, acostumbrado a las picaduras tras sus entrenamientos en Antofagasta, mantiene una actitud estoica: «Ya es como una picadura más. Ahora capaz que me va a doler un poco más, porque es la fragata portuguesa, pero vamos preparados mentalmente de que eso puede pasar».

Al recordar sus inicios, Sebastián relata que a los 17 años intentó un nado desde Juan López hasta la costa de Antofagasta (22 kilómetros), terminando con una severa hipotermia que no le permitió hablar ni caminar. Aquella experiencia, lejos de detenerlo, reforzó su objetivo: «Quiero hacer los nados más difíciles del mundo y demostrarle a la gente que se puede lograr lo que uno se proponga».

Actualmente, el deportista mantiene una rutina de entrenamiento diario de entre 6 y 7 horas, incluyendo piscina, gimnasio, yoga y trabajo kinésico, nadando hasta 13 kilómetros por jornada. Su ventana oficial para el cruce en Hawái está fijada entre el 11 y el 20 de junio, fecha que el capitán de la embarcación confirmará con 20 a 24 horas de antelación dependiendo de las condiciones climáticas. Con el apoyo del gobierno regional y auspiciadores, el antofagastino ya proyecta futuros desafíos internacionales.

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